Gestrandete Yacht Acoa bei Son Servera – wer zahlt die Bergung?

Yate encallado 'Acoa' en Son Servera: ¿quién paga cuando la responsabilidad está en la niebla?

Yate encallado 'Acoa' en Son Servera: ¿quién paga cuando la responsabilidad está en la niebla?

El yate de lujo de 27 metros 'Acoa' lleva semanas en la rompiente de la playa de Sa Marjal. Cuestiones de propiedad, altos costes de salvamento y peligros medioambientales han provocado un tira y afloja jurídico. ¿Quién asumirá la factura —y por qué se prolonga tanto el proceso?

Yate encallado 'Acoa' en Son Servera: ¿quién paga cuando la responsabilidad está en la niebla?

Pregunta principal: ¿Quién es legal y prácticamente responsable del salvamento y la protección ambiental —los propietarios, el patrón, la aseguradora o las autoridades?

Desde mediados de enero, el yate de aluminio 'Acoa', de 27 metros de eslora, permanece en la rompiente junto a la playa de Sa Marjal, inclinándose sobre la arena. Se aprecia el casco, el azote de las olas, neumáticos de goma usados como amortiguadores y paseantes que se detienen, hacen fotos y se preguntan. Niños recogen conchas a apenas cien metros. El olor a sal, el graznido de las gaviotas, el lejano bocinazo de una embarcación: una tarde invernal normal en la costa este —y aun así, una vista inusual en una cala veraniega.

Los hechos son escuetos: la tormenta 'Harry' arrastró la embarcación a tierra el 19 de enero. A bordo iba el patrón de 68 años, que resultó herido en el varamiento y fue rescatado. Tres hombres de Alemania figuran como adquirentes o socios del yate; las titularidades se nombran de forma diversa. Existe un presupuesto de una empresa de salvamento de Palma: más de 300.000 euros para liberar y remolcar hasta Port d’Alcúdia, incluidos remolcadores, retirada y una barrera preventiva contra vertidos. El departamento de Medio Ambiente del consejo insular exige un salvamento rápido y, como prioridad, el bombeo del combustible. Capacidad del tanque: alrededor de 5.000 litros; supuestamente quedan en estos momentos unos 500 litros de diésel a bordo.

La situación no es solo náuticamente precaria, es jurídicamente una partida de nervios, y casos como el accidente mortal en Alcúdia plantean dudas sobre quién debe asumir costes y responsabilidades cuando hay víctimas o daños.

Un socio, el patrón Klaus Fietzeck, quiere vender su participación por un euro. Otro, Franz Osthoff, habla de 'socios' y de incertidumbres sobre su papel exacto. Y en algún lugar aparece una supuesta campaña de crowdfunding cuyos promotores y acceso a los fondos no están claros. Personal de seguridad y cámaras deberían proteger el yate de los 'piratas de playa'. La consecuencia: confusión en lugar de una solución rápida.

Análisis crítico: las autoridades presionan para actuar con rapidez —y con razón. Restos de combustible, conducciones sueltas, baterías, filtros de aceite y lubricantes son peligros en mar abierto. Incluso 500 litros de diésel pueden provocar daños ecológicos si se derraman; en una cala poco profunda y arenosa con bañistas, los riesgos aumentan. Al mismo tiempo, los instrumentos legales están algo obsoletos: la falta de claridad en la propiedad retrasa decisiones, las cuestiones aseguradoras no están públicamente aclaradas y las autorizaciones administrativas para salvamento y remolque requieren tiempo. Todo ello multiplica costes y peligros, como muestran incidentes de responsabilidad civil en otras playas y vías locales, por ejemplo el accidente de cuatrimoto en Cala Pi.

Lo que falta en el debate público: información clara sobre la cobertura del seguro, acceso sencillo a la estructura de propiedad, un plan transparente de uso de los fondos en colectas y una evaluación inmediata de los riesgos ambientales (por ejemplo, nivel real de combustible, estado de los tanques, peligro de contaminación por equipos dañados). En lo público se especula mucho y se concreta poco. Los residentes merecen saber si hay riesgo de película de petróleo, si son necesarios prohibiciones de baño o cierres de tramos de playa.

Una escena cotidiana en Son Servera: al inicio de la tarde, pensionistas pasean con perros por la playa de Sa Marjal, un pescador revisa su pequeña embarcación en el puerto, jóvenes se sientan en las rocas y hablan de cualquier cosa —mientras la 'Acoa' permanece inmóvil. Las cámaras del espigón registran el ajetreo, turistas preguntan, lugareños niegan con la cabeza. La isla sufre tormentas con relativa frecuencia, como el incidente de dos vehículos atrapados en la arena en Son Serra de Marina, pero rara vez tanta incertidumbre en tierra.

Propuestas concretas, pragmáticas y con base legal:

1) Medida inmediata: contratar a una empresa especializada para comprobar públicamente el nivel de combustible y el estado de los tanques y, si procede, bombearlo de inmediato siguiendo protocolos de Salvamento Marítimo. Establecer una zona provisional de exclusión alrededor del pecio para bañistas y embarcaciones deportivas.

2) Transparencia: hacer públicos los datos de propiedad y del seguro (quién responde, qué cubre la póliza, qué exclusiones existen). Las autoridades deberían fijar un plazo a propietarios y aseguradoras para pagos vinculantes.

3) Financiación: si faltan recursos privados, el consejo insular puede crear una cuenta fiduciaria accesible solo para salvamento y protección ambiental; las colectas deben revisarse antes de liberar fondos. Reglas claras para el crowdfunding: quién es el beneficiario, quién gestiona el dinero.

4) Prevención jurídica: agilizar los procedimientos administrativos ante riesgos ambientales inminentes (licencias de emergencia), endurecer requisitos para propietarios de buques de alta mar que quedan frecuentemente en aguas ajenas y establecer sanciones más estrictas por negligencia o por abandonar una embarcación sin un fondo garantizado para su recuperación, siguiendo criterios que han salido a debate en procesos como el proceso de la Playa de Palma.

5) Comunicación: informes diarios sobre la situación para residentes y usuarios de la playa, nombrar interlocutores claros para evitar que la cultura del rumor y la desconfianza hacia empresas privadas de seguridad domine la gestión.

Conclusión: la 'Acoa' no es un motivo fotográfico de postal, sino un caso de prueba para la gestión de crisis en las costas de Mallorca. No se trata solo de técnica y dinero. Se trata de transparencia, asunción de responsabilidades y rapidez. Si propietarios ofrecen participaciones por un euro mientras hablan de ‘socios’, eso no ayuda a la bahía. La isla no necesita una función teatral de incertidumbres jurídicas, necesita un plan que proteja y que rinda cuentas —y rápido. Son Servera no puede tolerar indefinidamente al yate como un cuerpo extraño en su costa. Al final, si no se actúa, quien pagará será la comunidad. Eso debería quedar claro, precisamente en un lugar donde la gente toma su café en la playa.

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