Tractores en la Plaza Mayor de Sa Pobla protestando contra la ampliación ferroviaria hacia Port d'Alcúdia

Cuando las vías cruzan el campo: Sa Pobla se opone a los planes ferroviarios

Tractores en la Plaza Major, agricultores preocupados y ecologistas: la prevista prolongación del tren hasta Port d'Alcúdia suscita en Sa Pobla un debate de fondo: ¿cuánto espacio puede realmente reclamar la movilidad en Mallorca?

Tractores en formación: Sa Pobla plantea preguntas antes de que lleguen las excavadoras

Al amanecer olía a diésel y a café con leche recién hecho, y una brisa recorría la Plaza Major haciendo ondear los bordes de los folletos informativos. Varios tractores estaban hombro con hombro, los conductores con botas polvorientas y manos curtidas por el tiempo: una imagen que dice más que muchos carteles de protesta. La pregunta que flotaba ayer en Sa Pobla fue: ¿tiene que la movilidad ocupar realmente los últimos suelos buenos de la isla?

Lo que está en juego

La idea de prolongar la línea de tren desde Sa Pobla hasta Port d'Alcúdia y de conectar Palma al sur con Llucmajor suena en los folletos, a primera vista, razonable: mejores conexiones, menos coches, más cumplimiento de objetivos climáticos. Pero en las conversaciones en la plaza afloraron muchos detalles que apenas aparecen en las presentaciones oficiales: nuevas vías que atraviesan parcelas centenarias; sellado del suelo sobre suelos arcillosos fértiles; posible afección al agua subterránea por cambios en los drenajes. Y no hay que olvidar la cercanía a s'Albufera y a los humedales de Alcúdia, los sensibles filtros vivos de la región. Otros aspectos también se abordan en el artículo sobre el Tren a Alcúdia: entre el billete y el surco del campo — Sa Pobla exige respuestas.

Una alianza de agricultores, vecinos y ecologistas

A primera vista un trío inusual. A la segunda: lógico. La agricultora con delantal señala parcelas compartidas que, tras una trazada, se volverían poco prácticas. La vecina mayor habla de cambios en las corrientes de aire por un talud más alto de gravilla, que en verano levantaría más polvo en las calles. Los ecologistas, por su parte, ven riesgos para las rutas de aves migratorias, los anfibios y el sensible régimen hídrico. Juntos exigen más transparencia y menos compromisos previos. No se trataba de un no radical al transporte público: muchos dijeron: «Queremos un tren, pero no a costa de nuestras tierras». Este aspecto también es decisivo en las Nueva conexión de tren a Calvià: ¿oportunidad o sueño irreal?.

Lo que a menudo se pasa por alto

En los debates aparecen con frecuencia las mismas palabras clave: sellado del suelo, ruido, compensaciones. Lo que se trata menos son los efectos menores pero sostenibles: la fragmentación de parcelas que altera la mecánica de los sistemas tradicionales de riego; la pérdida de caminos hundidos y muros de piedra que albergan biodiversidad; cambios en los microclimas que pueden afectar las fechas de cosecha. Tampoco se suele abordar cómo las fases de obra —meses de tráfico pesado— pueden arruinar los años de siembra. Estas consecuencias cotidianas rara vez figuran en los estudios de viabilidad, pero son existenciales para la gente de aquí. Esto también se planteó en los Nuevos horarios en Mallorca: más paradas, trayectos más largos para los pendulares.

Cómo responden los planificadores — y qué lagunas quedan

Los portavoces oficiales invocan estudios, objetivos climáticos y cálculos de coste-beneficio. Pero en el campo eso suele sonar demasiado técnico. Las propuestas del municipio son concretas: utilizar mejor las vías existentes, replantear el concepto de la «última milla», y gestionar el transporte de mercancías por la noche. Algunos piden tramos elevados (puentes de acero) en lugar de nuevas trazadas por terrenos agrícolas; otros ven en los túneles la solución —pero entonces los costes se disparan. Hasta ahora falta en el debate público una norma de compensación vinculante por las tierras agrícolas perdidas. El asunto del El Consell insular modifica los planes del nuevo anillo de autopista — el tren a Llucmajor queda contemplado también podría ofrecer perspectivas esclarecedoras.

Pasos concretos que podrían ayudar

Las protestas en Sa Pobla indican que no se trata solo de un sí o un no, sino de diseño: Primero: una evaluación exhaustiva del suelo antes de cualquier medición —no solo desde el punto de vista económico, sino también ecológico y cultural. Segundo: prioridad para el uso de las vías existentes y un encargo de estudio para ver si los flujos de transporte se pueden organizar de otra manera. Tercero: zonas de desarrollo y corredores que no enfrenten agricultura, conservación de la naturaleza y transporte entre sí. Cuarto: verdaderas reglas de compensación que no solo ofrezcan dinero, sino que financien reforestación, infraestructuras compartidas o nuevas posibilidades de riego. Y quinto: fases de obra vinculantes que respeten las épocas de cosecha.

Por qué esto es un tema mallorquín

En una isla el espacio es un recurso escaso —no es una frase abstracta, es la vida cotidiana aquí. Cuando en Sa Pobla suena la campana de la iglesia y un tractor abandona la plaza, queda la pregunta: ¿a cambio de qué cedemos este espacio? ¿Para llegar antes a la playa? ¿Para más autocares de turistas? ¿O protegemos la base de la producción de alimentos y el paisaje que atrae a tanta gente? Las sesiones del pleno en el Ayuntamiento y los próximos foros públicos mostrarán si los planificadores aprenden a no solo leer mapas, sino también las voces en las esquinas.

Hasta entonces, la Plaza Major sigue siendo un buen lugar para escuchar, con viento y olor a café. Y quién sabe: quizá aquí se encuentre una solución que no solo ponga hierro sobre la tierra, sino que también conserve valores —olivos, rutas de aves y el derecho de la gente a decidir sobre sus campos.

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