Senderistas en un sendero de la Serra de Tramuntana, ilustrando el debate sobre permisos.

Senderismo en la Tramuntana solo con permiso: ¿Quién protege el sendero, quién el derecho?

Senderismo en la Tramuntana solo con permiso: ¿Quién protege el sendero, quién el derecho?

El Consell quiere que los senderistas obtengan un permiso para tramos que atraviesan terrenos privados. Una medida que pone a prueba por igual el turismo, los propietarios y la conservación del paisaje. ¿Qué falta en el debate y cómo podría ser un compromiso justo?

Senderismo en la Tramuntana solo con permiso: ¿Quién protege el sendero, quién el derecho?

Pregunta principal: ¿Cómo puede Mallorca garantizar el acceso libre a los senderos de la Tramuntana sin eliminar los derechos de los propietarios privados y sin someter a los caminantes a callejones burocráticos?

El Consell propone que los senderistas tengan que obtener en el futuro una autorización escrita o digital de los propietarios para los tramos de caminos que atraviesan fincas privadas. El trasfondo es que alrededor del 90 % de la Serra de Tramuntana están en manos privadas. Un ejemplo es una ruta en Valldemossa que funciona con contingentes diarios: según la ubicación, allí pueden pasar entre 20 y 40 personas al día. También es nueva la idea de dar a los propietarios el derecho a trasladar caminos dentro de su terreno. El proyecto de ley está expuesto al público hasta mediados de abril.

A primera vista suena sensato: se debe respetar la propiedad y se controlan los senderos masificados. Pero a un segundo examen surgen numerosas preguntas. ¿Quién controla los contingentes? ¿Cómo deben tratarse los derechos de paso, los accesos de emergencia y los caminos históricos? ¿Quién paga la gestión, quién paga los daños y qué pasa con las personas que llevan décadas usando esos caminos: agricultores, pastores, grupos locales de senderismo?

Una impresión cotidiana concreta: una mañana templada de febrero, una mujer mayor está sentada en el café de la Plaça en Sóller, su abrigo aún ligeramente húmedo por la niebla de la Tramuntana. Cuenta que su abuelo solía usar el antiguo Carrer de ses Voltes para recoger aceitunas. “Si mañana necesito un permiso, ¿cómo se lo explico a mi nieta, que viene de Palma a hacer senderismo?” Estos pequeños vínculos reales se pierden fácilmente en los papeles jurídicos — y eso es precisamente lo que falta en el debate actual.

Análisis crítico: la regulación desplaza claramente las relaciones de poder a favor de los propietarios y de la administración. Un sistema de permisos individuales crea incentivos para decisiones inconsistentes: un propietario permite el paso, el vecino lo cierra, los caminos se desvían y las rutas históricas pierden su sentido. Si los propietarios pueden trasladar caminos sin criterios claros, se corre el riesgo de fragmentar la red de senderos de gran recorrido (GR 226: El nuevo sendero de Gran Recorrido en el este) y de desestabilizar la logística de rescate y mantenimiento. Al mismo tiempo, sigue sin resolverse cómo se van a gestionar los picos de turismo y las excursiones de un día; ese debate incluye propuestas sobre control de afluencia (el gobierno quiere regular el número de visitantes). ¿Quién controla los desvíos ilegales, los caminantes que hacen tramos cortos o los ciclistas de montaña que toman atajos (ver rutas MTB por la Tramuntana)?

Lo que falta en el discurso público: primero, un inventario vinculante — ¿qué caminos son realmente históricos y cuáles son turísticos? Segundo, reglas financieras: ¿se crea un fondo para el mantenimiento de caminos y las compensaciones? Tercero, obligaciones para los propietarios: ¿deben garantizar accesos, prevención de incendios y accesos de emergencia? Cuarto, participación de los ayuntamientos y de la población agrícola — muchos residentes locales no usan los senderos como “ocio”, sino como parte de su trabajo.

Propuestas concretas de solución, sin idealizaciones románticas:

1) Sistema de tres categorías para los caminos: rutas históricas y municipales con derecho general de paso; rutas turísticas con contingentes y obligación de reserva; caminos privados sujetos a acuerdos individuales. Eso crea seguridad jurídica en lugar de decisiones aisladas.

2) Permiso digital con transparencia: un portal online unificado que muestre en tiempo real permisos, contingentes y desvíos. Permisos a corto plazo (p. ej. para senderistas de día) a bajo coste; usos especiales por parte de organizadores con tarifas más altas.

3) Modelo de mantenimiento con participación: un fondo obligatorio de mantenimiento, financiado con los permisos y con aportaciones municipales, que pague el cuidado de los caminos, la señalización y la infraestructura de rescate. Los propietarios que mantengan caminos abiertos recibirían desgravaciones fiscales o subvenciones para reparaciones.

4) Oficina de mediación antes de mover caminos: antes de trasladar un camino, una comisión independiente debe evaluar: impacto en el paisaje, en la vecindad, en las rutas de rescate y en el uso agrícola. Los traslados solo en casos excepcionales y claramente definidos; la importancia de la respuesta de emergencias queda ilustrada por incidentes como Desorientación nocturna en el Puig Major.

5) Pruebas a pequeña escala en lugar de implantación general: más proyectos piloto como el de Valldemossa, pero con criterios de evaluación: huella ecológica, satisfacción de las usuarias y usuarios, carga para los propietarios y eficacia de los contingentes.

Todo esto no es gratis ni está exento de carga administrativa. Pero un sistema que se base exclusivamente en permisos individuales corre dos riesgos: primero, vaciar de contenido los intereses públicos en la libertad de movimiento en una sierra que forma parte de la vida local desde hace siglos. Segundo, crear nuevos focos de conflicto entre senderistas, propietarios y municipios — no todos los conflictos se resuelven con formularios.

Un pequeño y contundente cierre: los caminos son más que líneas en un mapa. Son recuerdos, vías de abastecimiento y a veces la única ruta de emergencia para zonas aisladas en la Tramuntana. Quien los regule debe atender tanto la tierra del propietario como los pies de los caminantes. Un compromiso justo necesita categorías claras, transparencia, dinero para el mantenimiento y, sobre todo, participación local — de lo contrario, un proyecto de protección se convertirá en una maraña administrativa que separa más de lo que une.

Leído, investigado y reinterpretado para ti: Fuente

Noticias similares