Exterior de Son Amar en Bunyola, con el auditorio y jardines entre olivos y pinos

Son Amar permanece abierto: del varieté a la sede de eventos en Bunyola

La famosa finca en Bunyola se mantiene — pero los espectaculares shows nocturnos son historia por ahora. Dominic Miles y Paul Abrey gestionarán Son Amar como lugar para eventos privados y empresariales. Un paso pragmático con consecuencias para empleados, cultura y vecindario.

Son Amar permanece — pero el gran espectáculo es historia

Quien subió últimamente la estrecha entrada desde Palma hacia Sóller lo habrá visto: un gran cartel anuncia que Son Amar sigue abierto. Pero el tono ha cambiado. La finca en Bunyola vuelve a abrir sus puertas, pero los famosos espectáculos nocturnos con acrobacias, escenas medievales y varieté pertenecen por ahora al pasado. En su lugar, hay bodas, eventos corporativos y privados y conferencias en la agenda.

¿Quién dirige ahora el escenario?

La responsabilidad recae en Dominic Miles, hijo de la fallecida fundadora Margaret Whittaker, y en Paul Abrey, conocido en Palma por su trabajo en producciones audiovisuales. Lo que a primera vista parece un giro práctico es una reacción económica a realidades duras: sin el apoyo que Margaret Whittaker organizó durante décadas y tras las caídas provocadas por la pandemia, las producciones propias, costosas, eran sencillamente demasiado arriesgadas.

El recinto es amplio: un auditorio para más de mil espectadores, varios salones interiores, terrazas y cuidados espacios exteriores bajo olivos y pinos. Muchas salas están listas para usarse de inmediato. La cuestión no es si Son Amar existe, sino en qué forma volverá la vieja sensación.

La verdad incómoda: empleos y cifras

Los ajustes financieros no pasaron sin dejar huella. En el marco de una reorganización se vieron afectadas unas 170 plazas de trabajo. En primavera al parecer se acordaron indemnizaciones, calculadas con 33 días por año trabajado. Para quienes durante años trabajaron tras bambalinas fue un recorte. En el aparcamiento bajo los olivos la semana pasada ex trabajadores del escenario hablaban en voz baja sobre su futuro — el susurro de las hojas, el olor a tierra húmeda, sin aplausos.

Para la economía local en Bunyola el cambio tiene varias caras: por un lado, se mantienen relaciones de suministro con empresas de catering, de tecnología y jardinería. Por otro, desaparecen las noches turísticas regulares y los ingresos derivados. Hoteles, restaurantes en Palma y proveedores artesanales lo notarán.

Menos brillo, más previsibilidad — ¿oportunidad o pérdida?

Los aficionados a la cultura pública ven el paso con crítica. El gran espectáculo era una seña de identidad de Mallorca, una pieza de la identidad turística. La decisión de apostar por eventos asegurados y por encargo parece pragmática. Ingresos más estables significan menos riesgo — pero también menos cultura visible. Son Amar podría convertirse en un moderno salón para bodas y congresos: bien cuidado, fiable, predecible.

Es la pregunta clásica para muchos espacios culturales: rentabilidad frente al bien común. En Bunyola ahora prima menos la experimentación artística y más el control económico. Eso no tiene por qué ser necesariamente malo — siempre que se nombren abiertamente las pérdidas y se actúe de forma dirigida para compensarlas.

Pocos hablan de lo que puede venir

Un aspecto que en el debate público ha quedado hasta ahora corto son las estrategias de transición para ex trabajadores y proveedores locales en Bunyola. Indemnizaciones a corto plazo no lo cubren todo. A largo plazo serían útiles la reconversión profesional, programas de intermediación y cooperaciones con empresas de eventos. También es importante la cuestión del mantenimiento del recinto con carácter de monumento: ¿quién asumirá en adelante los costes de conservación de muros, técnica y el gran escenario?

Otro punto: la percepción pública de Son Amar como punto de encuentro para visitantes de todo el mundo se pierde si el escenario permanece cerrado de forma permanente. Eso tiene repercusiones en la diversidad cultural de la isla. No todo lo que es económicamente sensato protege de forma automática el patrimonio cultural.

Propuestas concretas — cómo Son Amar puede tener una segunda vida sin perder totalmente la cultura

Unas ideas pragmáticas que podrían facilitar el equilibrio:

Operación híbrida: noches culturales ocasionales promocionadas públicamente y espectáculos pop-up fuera de temporada alta. Eso genera visibilidad sin el riesgo de una producción diaria.

Alianzas con la comunidad: cooperaciones con asociaciones culturales locales, colegios y colectivos de artistas para talleres, residencias y pequeñas representaciones.

Reorientación profesional social: programas de formación para ex técnicos y trabajadores de escena, gestionados a través de las agencias de empleo locales.

Agenda transparente: un calendario de eventos público con cupos claros para eventos culturales sin ánimo de lucro.

Estos pasos cuestan dinero al principio — pero preservan identidad. Son Amar es más que un edificio. Para muchos en la zona es un lugar cargado de recuerdos: familias que celebraron allí, turistas que aplaudieron asombrados, equipos técnicos trabajando de noche.

Mirando hacia adelante

En la entrada olía a otoño la semana pasada. Un ligero viento llevó el aroma de hojas mojadas y aceite de oliva por el recinto. Tres antiguos técnicos hablaban en voz baja, sin quejarse. Eso es Mallorca: pragmática, con una pizca de melancolía. Son Amar seguirá existiendo — solo de otra manera. Si algún día puede volver a alcanzar la grandeza de los espectáculos de antaño no depende solo de propietarios dispuestos a invertir. Hace falta coraje para cooperar, apoyo para los afectados y una pequeña dosis de imaginación creativa. Entonces Son Amar podría comenzar realmente una segunda vida — una que recuerde al pasado sin quedar prisionera de él.

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