
Son Servera marca un límite: patinetes eléctricos prohibidos en la costa
A partir de noviembre los patinetes eléctricos estarán prohibidos en la «primera línea de costa» de Son Servera. La medida busca aumentar la seguridad: preguntamos si unas marcas claras, controles y alternativas bastan para reducir de forma duradera los conflictos en paseos como el de Cala Millor.
Son Servera marca un límite: patinetes eléctricos prohibidos en la costa
A partir de noviembre entra en vigor en Son Servera prohíbe patinetes eléctricos en la costa una nueva norma que muchos residentes llevan tiempo esperando: los patinetes eléctricos ya no podrán circular por la primera línea de costa. El municipio lo justifica por el aumento de accidentes y por el exceso de tráfico mixto en paseos estrechos. Para turistas y empresas de alquiler la noticia ha sido una sorpresa, y para la administración comienza ahora la compleja tarea de hacer visible y aplicable el acuerdo.
La pregunta clave: ¿protección de los peatones o desplazamiento del problema?
La decisión plantea una cuestión central: ¿aportará la prohibición más seguridad a paseantes, niños pequeños y personas mayores, o solo trasladará la presión a calles y caminos colindantes? En el paseo de Cala Millor, donde ayer por la mañana los gritos de las gaviotas y el rumor del mar marcaban el ritmo, vi padres con cochecitos, jubilados con el periódico y a un repartidor que rozaba el borde al girar. Muchos celebran la idea, pero nadie sabe exactamente dónde empieza y termina la «primera línea de costa». El ayuntamiento quiere colocar mapas, pero sin marcaciones claras quedarán zonas grises, tal y como recogen informaciones sobre que estarán prohibidos en los paseos marítimos de Son Servera.
Las nuevas normas incluyen varios puntos: obligación de seguro de responsabilidad civil, prohibición de usar el teléfono móvil y auriculares mientras se circula, límite de velocidad de 25 km/h y multas de hasta 1.000 euros. Sobre el papel parece coherente. En la práctica, el éxito dependerá de lo bien que el municipio organice señales, avisos y controles, y de la responsabilidad de las empresas de alquiler; para consultar la normativa sobre vehículos de movilidad personal (VMP) conviene revisar fuentes oficiales y guías generales.
Aspectos poco discutidos
Los debates públicos suelen centrarse en seguridad y orden, pero quedan sin atención varios aspectos: primero, el papel de las empresas de alquiler. Muchas operan de forma temporal y masiva; hacen falta obligaciones claras de información, porque si no los turistas no conocerán las normas. Segundo, el aspecto económico: los servicios de alquiler y los repartidores forman parte de la economía local; medidas duras sin compensaciones pueden generar conflictos. Tercero, la cuestión de los patinetes privados: una prohibición en el paseo no afecta solo a las plataformas compartidas, sino también a los huéspedes y residentes que usan sus propios aparatos.
Otro punto a veces olvidado es la implementación técnica: el geo‑fencing (zonas virtuales restringidas) puede impedir automáticamente la circulación en la costa, pero muchos modelos antiguos o patinetes privados no quedan cubiertos. Y por último la componente social: los jóvenes perciben las normas a veces como una restricción, los mayores como una protección; sin diálogo la frustración crecerá en ambos bandos.
Oportunidades concretas y soluciones
Para que la prohibición sea algo más que un bonito acuerdo en el boletín oficial se necesitan soluciones pragmáticas: marcaciones claras y bien visibles en Cala Millor, Sa Coma y el puerto pesquero —preferiblemente con pictogramas y señales multilingües—. Los arrendadores deberían entregar una breve información al entregar el vehículo y hacer firmar una confirmación. El geo‑fencing en las flotas sería eficaz rápidamente; subvenciones municipales o incentivos podrían ayudar a que los proveedores actualicen sus equipos, siguiendo ejemplos de ordenanzas municipales como la que limita ciertos vehículos recreativos en la comarca (Capdepera prohíbe quads y buggys en senderos sin pavimentar).
Los controles han de ser justos y previsibles. En lugar de imponer multas altas desde el principio podría aplicarse un sistema escalonado: advertencias, sanciones y finalmente multas para reincidentes. Zonas de estacionamiento para patinetes en el borde del paseo reducirían el abandono desordenado. Para los servicios de reparto podrían estudiarse excepciones o franjas horarias autorizadas, de modo que el suministro de mercancías y la seguridad no se enfrenten.
Una perspectiva realista
En invierno, cuando los paseos estén más vacíos, Son Servera podrá probar cómo funcionan las normas. Me mantengo escéptico pero esperanzado: un paseo tranquilo sin el zumbido continuo de los patinetes agradó ayer a muchos vecinos. El desafío será encontrar soluciones que tengan en cuenta a todas las partes —seguridad, economía turística y la vida cotidiana de los residentes.
Si el ayuntamiento ahora comunica con transparencia, coloca mapas y se reúne con empresas y vecinos, el límite en la costa puede convertirse en una oportunidad para una mejor coexistencia. Sin estos pasos, sin embargo, existe el riesgo de que la prohibición sea solo algo que funciona en el papel y que en la práctica acabe ocupando caminos y calles laterales. Y el sonido del mar merece, al fin y al cabo, mantenerse sin perturbaciones.
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