Plaça Progrés con la antigua gasolinera y actividad urbana

El fin de los surtidores en la Plaça Progrés: el tribunal da luz verde

El TSJIB ha decidido: la gasolinera de la Plaça Progrés debe ser retirada. Lo que la sentencia significa para vecinos, comerciantes y la planificación urbana — y qué preguntas quedan abiertas.

Sentencia sobre la Plaça Progrés: fin de los surtidores, pero sin calendario concreto

La Plaça Progrés luce una mañana tranquila como siempre: furgonetas de reparto se abren paso entre puestos de flores, un padre empuja su cochecito, dos turistas con maletas fotografían las fachadas. Pero bajo la superficie late ahora un punto de decisión para Palma. El Tribunal Superior de las Islas Baleares (TSJIB) ha desestimado la apelación de la empresa de la gasolinera, como recoge Tribunal confirma: La gasolinera en la Plaça Progrés debe ser demolida. La consecuencia: los surtidores deben desaparecer para dejar sitio a un aparcamiento subterráneo proyectado.

La cuestión central: ¿cuándo y cómo se despejará el espacio?

El tribunal ha marcado la dirección jurídica. En la práctica, sin embargo, quedan muchas cuestiones abiertas. La sentencia no fija un plazo que ordene el derribo de forma inmediata. En su lugar comienza ahora un maratón de negociaciones entre el ayuntamiento y la empresa: costes, fechas, requisitos técnicos, todo deberá acordarse. En el lugar hay, no obstante, otra fecha que marca el ritmo: la compañía de la estación paga periódicamente multas coercitivas de cerca de 3.000 euros cada ocho días. Una presión económica que algunos viandantes comentan a voces por las mañanas: "Esto no puede seguir así", dice un hombre mayor mientras la panadería de la esquina mete crissants en las bolsas.

Lo que a menudo se pasa por alto: riesgos ambientales y responsabilidades

En el debate público dominan narrativas sobre aparcamiento y calidad del espacio urbano. Menos mencionadas son las posibles contaminaciones del suelo. Las gasolineras explotadas durante décadas suelen dejar restos de carburantes en el terreno. La sentencia implica, por tanto, no solo derribo, sino también responsabilidad en inspecciones del suelo, descontaminación y gestión segura de residuos. ¿Quién asumirá esos costes si el titular está en dificultades económicas? ¿Y quién garantiza que durante las obras no se liberen zonas contaminadas sin control? Estas preguntas deben ahora plantearse con más fuerza; decisiones anteriores con impacto municipal pueden verse en casos como Palma toma medidas: se desaloja Son Banya y el tribunal confirma la propiedad municipal.

Los afectados: vecinos, comerciantes, titular

El ambiente en la plaza está dividido. Rosa, una vecina, recuerda la plaza sin coches: "Antes jugábamos a la petanca aquí, ahora todo parece tráfico". Un joven padre con cochecito espera que haya más espacio para jugar. Los comerciantes temen que meses de obras ahuyenten a la clientela. La empresa titular, por su parte, no solo pierde ingresos, sino que afronta la dificultad de recolocar personal especializado y asumir posibles costes de gestión de residuos. Haría falta una compensación justa, pero ¿quién la organiza? ¿El ayuntamiento? ¿La empresa? ¿Un fondo específico? Sentencias que afectan al uso del espacio público, como Tribunal confirma la prohibición de tuk‑tuks en Palma – oportunidades, problemas y soluciones, muestran que las resoluciones judiciales también tienen efectos sobre la actividad comercial y turística.

Planificación urbana versus realidad: oportunidades y riesgos

Para el municipio la sentencia es una victoria parcial en el camino hacia un centro más amable con las personas: menos tráfico de paso, más espacio para peatones, árboles y terrazas. Un aparcamiento subterráneo puede, paradójicamente, conjugar plazas de aparcamiento con más superficie para peatones, como en el caso de proyectos similares Aparcamiento subterráneo y plaza en Portopetro. Pero la práctica conoce retrasos: sobrecostes, largos procesos de licitación, nuevas demandas. Existe el riesgo de que una oportunidad se convierta en un tira y afloja de años. Por eso hace falta un plan de proyecto claro: licitaciones transparentes, fórmulas de financiación definidas y una estrategia de comunicación temprana con vecinas, vecinos y comerciantes.

Propuestas concretas que deben ponerse sobre la mesa

Algunos pasos pragmáticos para que la sentencia no quede en teoría:

1) Calendario de negociación con plazos claros: Ayuntamiento y titular deben acordar un calendario vinculante, con hitos intermedios para análisis del suelo y trabajos de derribo.

2) Controles ambientales y transparencia: Antes del inicio de las obras las investigaciones químicas del suelo deben hacerse públicas. Las reglas sobre quién asume los costes de saneamiento han de quedar contractualmente claras.

3) Protección del comercio local: Planes de ruido y accesos, acciones temporales de promoción y modelos de compensación para que cafeterías y tiendas no se queden sin clientes.

4) Compensación social: Hay que considerar los puestos de trabajo de la gasolinera: reciclaje profesional, indemnizaciones o medidas de intermediación laboral.

5) Participación ciudadana: Un diálogo de planificación abierto para decidir el diseño de la superficie tras finalizar el aparcamiento, incluyendo ajardinamiento, alumbrado y mobiliario urbano.

Mirando hacia adelante

El tribunal ha eliminado un obstáculo jurídico. Pero si la Plaça Progrés se convertirá realmente en un lugar más tranquilo y verde dependerá en los próximos meses no de las salas de vistas, sino de las salas de negociación y de la ejecución en obra. Entre furgonetas de reparto, croissants y el ruido de los scooters, la plaza sigue siendo un lugar vivo — y la gente del barrio vigilará de cerca. No solo los jueces, sino también las vecinas y los vecinos de Palma decidirán al final si la sentencia se traduce en un beneficio urbano o en un largo parche.

Lo que queda: una resolución judicial, multas coercitivas y muchas preguntas abiertas. El reloj corre, pero no está claro a qué ritmo.

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