Propuesta ilustrada de un cinturón verde sobre la MA-20 con vegetación sobre la calzada parcialmente soterrada.

¿Plantas en lugar de asfalto? Un chequeo de realidad sobre la idea del cinturón verde en la Vía de Cintura

¿Plantas en lugar de asfalto? Un chequeo de realidad sobre la idea del cinturón verde en la Vía de Cintura

El PSOE quiere soterrar parcialmente la MA-20 y crear en la superficie un cinturón verde continuo. Una visión valiente — pero, ¿qué tan realista es técnica, financiera y políticamente?

¿Plantas en lugar de asfalto? Un chequeo de realidad sobre la idea del cinturón verde en la Vía de Cintura

Pregunta guía: ¿Es viable la idea de desviar buena parte de la ronda de Palma, la Vía de Cintura, soterrarla y crear en su lugar un cinturón verde continuo, o quedará como una bonita promesa electoral para la oposición?

Resumen

Los ediles socialdemócratas proponen enterrar grandes tramos de la MA-20 y concentrar allí el tráfico; en la superficie liberada se crearía un espacio verde continuo. Alaró se vuelve más verde: la vía de acceso estrena nueva imagen. Objetivo: conectar mejor barrios como Son Gotleu, La Soledat y Rafal Vell con el centro y crear un “pulmón urbano”. La idea cala hondo. Al mismo tiempo surge la duda de si la técnica, el dinero y la realidad cotidiana acompañan.

Análisis crítico

Técnicamente no es magia, pero tampoco un paseo. Hay soluciones de túneles en muchas ciudades europeas; son caras, requieren mantenimiento y provocan molestias importantes durante la obra. Para una carretera de circunvalación como la MA-20 eso supondría meses, si no años, de restricciones al tráfico, desvíos por vías ya saturadas y una carga para los vecinos por ruido y polvo de construcción.

En lo financiero las barreras son altas: soterrar en zona urbana consume fondos públicos. El PSOE indica en la propuesta un estudio de viabilidad como primer paso — correcto, pero un estudio también cuesta y no garantiza mayorías políticas. Sin compromisos claros del gobierno regional o central y sin perspectiva de fondos europeos, la iniciativa municipal tendrá difícil ejecución.

Desde el punto de vista urbanístico surge la pregunta sobre la gestión del tráfico. ¿Dejará el túnel el mismo espacio para los coches? ¿O va ligado el proyecto a medidas para reducir la movilidad privada (gestión del aparcamiento, ampliación del transporte público, restricciones en horas punta)? Quien crea que se puede trasladar la misma cantidad de tráfico simplemente bajo tierra corre el riesgo de que la superficie sea verde, pero la ciudad siga dominada por el automóvil —solo con menos infraestructura visible. La atención a la seguridad y funcionalidad de las conexiones peatonales y viarias se debatirá también en proyectos como Nuevos puentes peatonales sobre la circunvalación de Palma: ¿seguros o solo acero estético?.

Lo que falta en el debate público

Hasta ahora se ha hablado mucho de simbolismo — «curar la cicatriz», «conectar barrios» — pero pocas preguntas están respondidas con claridad: ¿qué tramos se actuarán primero? ¿Quién asumirá los costes de explotación del túnel (iluminación, ventilación, bombas)? ¿Cuál es el plan para el tráfico de obra, para que las vías secundarias no colapsen? Y: ¿hay directrices vinculantes sobre cuánto del suelo liberado deberá destinarse realmente a zonas verdes públicas y no a nueva vivienda o suelo empresarial? La reivindicación por más vegetación urbana y la implicación vecinal se ve en casos como ¿Dónde está mi árbol? Vecinos de Pere Garau marcan huecos en la vegetación urbana.

Una escena en Palma

Temprano un martes por la mañana, con el aire frío en la Plaça España que apenas se rompe, se oye la carretera de la Vía de Cintura como una máquina lejana: autobuses, furgonetas, el pitido de cámaras de marcha atrás. En la acera esperan dos señoras mayores con bolsas de la compra, el café aún humea en vasos de cartón. Ven la idea con buenos ojos, pero preguntan también: «¿Y quién paga esto?». Esa pregunta se escucha con frecuencia en las esquinas de Palma —entre el Passeig del Born y Son Gotleu, en el mercado como entre padres jóvenes con cochecitos.

Sugerencias concretas

1) Planificación por fases: Lo realista es un plan por etapas con prioridades definidas. Primero intervenir tramos donde la fragmentación social es mayor, y luego abordar progresivamente secciones de túnel más largas.

2) Mezcla de financiación: Combinar fondos municipales, cofinanciación regional, programas de cohesión o clima de la UE y asociaciones público-privadas —pero solo con condiciones estrictas que impidan la recalificación de las superficies a uso privado en perjuicio del verde público.

3) Estrategia de movilidad: No soterrar sin un plan para reducir el vehículo privado. Ampliar conexiones de cercanías/tranvía, carriles para autobuses, ejes ciclistas seguros e incentivos al coche compartido pueden ayudar a reducir el tráfico de forma sostenida. Iniciativas de prueba para restringir el tráfico y recuperar espacio público se han mostrado en experiencias como Una ciudad respira de otra manera: Palma y Marratxí prueban horas sin coches.

4) Regulación social del suelo liberado: Reservar espacios para vivienda asequible, centros de barrio, parques infantiles y equipamientos comunitarios. Si no, existe el riesgo de que parcelas rentables terminen en manos de inversores.

5) Participación ciudadana antes de empezar: Talleres locales en los barrios afectados, calendario claro, medidas de protección contra el ruido y mecanismos de compensación para los afectados directos. La planificación necesita aceptación; si no, cada paso será recurrido y retrasado.

Conclusión

La visión de un anillo verde es atractiva y podría hacer Palma más habitable —siempre que no se trate solo de un proyecto de prestigio. Sin modelos de financiación sólidos, sin reducción honesta del tráfico y sin garantía de uso público de las nuevas superficies, de una oportunidad puede salir un fracaso que deje solo bonitas infografías. El PSOE ha abierto el debate; ahora importan los detalles, los números y la voluntad de todas las administraciones de colaborar más allá de la lógica partidista. Si no, la Vía de Cintura seguirá siendo, por ahora, lo que siempre fue: ruidosa, una barrera y difícil de cruzar.

Qué hay que hacer: Un estudio de viabilidad independiente, un plan de financiación con acceso a fondos europeos, uso social vinculante del suelo liberado y medidas paralelas para reducir el tráfico motorizado —así la utopía puede convertirse en un plan que se note en las calles de Palma.

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