Alexander Zverev jugando al pádel en pista del Mallorca Country Club en Santa Ponça, con pala y zapatillas deportivas.

Zverev cambia las zapatillas de tenis por pádel: visita breve al Mallorca Country Club

Zverev cambia las zapatillas de tenis por pádel: visita breve al Mallorca Country Club

Alexander Zverev cambió brevemente la raqueta en Mallorca: en lugar del tenis clásico, el medallista olímpico probó el pádel en el Mallorca Country Club de Santa Ponsa — una visita que dio mayor visibilidad al club y al deporte en la isla.

Zverev cambia las zapatillas de tenis por pádel: visita breve al Mallorca Country Club

El medallista olímpico prueba la modalidad de raqueta de moda en la isla en Santa Ponsa

Al final de la tarde del lunes, cuando el sol ya estaba más bajo detrás de los pinos del paseo de Santa Ponsa y la brisa marina refrescaba el ambiente, en la pista del Mallorca Country Club no solo se veían pelotas de tenis: Alexander Zverev fue invitado y tomó una pala de pádel. Una imagen poco habitual para los jugadores habituales, pero que aquí ya no sorprende tanto: como cuando Klopp y Sabatini jugaron al pádel de celebridades.

El pádel ha dejado en Mallorca, en los últimos años, una huella propia: en pistas de entrenamiento, en paseos marítimos y en las conversaciones de los cafés deportivos. En las pistas del club se escuchaba el habitual chasquido de las pelotas, el murmullo de gente en la grada y de vez en cuando una risa de reconocimiento cuando el ritmo de juego de los profesionales se cruzaba con la cadencia relajada de los aficionados. En una de las fotos aparece Zverev junto a Edwin Weindorfer, el responsable de la instalación, una imagen que documenta la breve visita.

Para la isla, una aparición así es más que un titular: atrae atención hacia un deporte que dinamiza a los clubes locales, atrae a equipos juveniles y llena horas de pista cuando en invierno las canchas de tenis están más tranquilas. Clubes como el Mallorca Country Club se benefician directamente, como ocurrió en el primer 'El Económico Mallorca Real Estate Padel Cup' en Bendinat, porque la visibilidad suele traducirse en inscripciones —y con ello en ingresos para entrenadores, mantenimiento de pistas y promoción del deporte juvenil.

El cambio del tenis al pádel no supone para Zverev una ruptura, sino más bien un pequeño cambio dentro de su rutina de entrenamiento. Ha entrenado en Mallorca en varias ocasiones, en entornos mixtos y en academias reconocidas de la isla, como relatan piezas sobre Mats Hummels encuentra la calma en Mallorca y sobre Ana Ivanović en Mallorca. Sus éxitos deportivos —entre ellos numerosos títulos individuales, la medalla olímpica en Tokio y triunfos en grandes cierres de temporada— avalan una carrera en la que estas breves incursiones en otros deportes de raqueta encajan bien: incluso un rato corto en la pista reactiva reflejos y, además, es divertido.

Lo que empezó en pequeño tiene un efecto mayor: los jóvenes jugadores que esa tarde usaron el club quizá prueben más a menudo el pádel. Los entrenadores locales toman nota de las secuencias de movimiento de los profesionales para incorporarlas en ejercicios. En los cafés de la costa, donde entre un espresso y la vista al mar se comentan planes de entrenamiento, el ambiente fue de alegría: una experiencia local que anima la temporada.

Quien paseaba por Santa Ponsa aquel día primaveral podía entender la escena con facilidad: padres con cochecitos, el olor del café recién hecho, el sonido de las palas y el ruido lejano de la autopista. Esa mezcla de vida cotidiana y presencia de figuras públicas define Mallorca: un lugar donde el deporte de alto nivel se cruza con las salidas dominicales.

¿Por qué es bueno para Mallorca? La visibilidad atrae a la gente. Cuando atletas conocidos eligen la isla —aunque sea solo para una sesión de entrenamiento o una partida de pádel— crece el interés por la oferta local. Esto refuerza a los clubes pequeños, genera reservas adicionales y puede, en el mejor de los casos, motivar a jóvenes talentos a esforzarse más. Al mismo tiempo recuerda que Mallorca no es solo playa y hotel, sino también un lugar de entrenamiento con buena infraestructura.

Una recomendación sencilla para los clubes: aprovechar intencionadamente estas visitas breves, por ejemplo con episodios abiertos de coaching para jóvenes o pequeños meet-and-greet que fomenten las inscripciones y las horas de pista sin alterar el funcionamiento. Para la ciudad de Santa Ponsa implica: habilitar pasos, coordinar zonas de carga y descarga, involucrar a los comercios locales —así queda algo más que una foto.

Al final del día quedó la constatación que muchos ya conocen: el deporte no solo exige rendimiento, también une. Un jugador de élite, un poco de tiempo, una pista de pádel —y la isla volvió a demostrar cuánto vida cabe dentro y fuera de la pista.

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