Andamios en un edificio de Bendinat; reforma de lujo paralizada tras disputa judicial por 3 millones.

Disputa millonaria en Bendinat: por qué un tribunal detuvo las obras de una transformación de lujo

Disputa millonaria en Bendinat: por qué un tribunal detuvo las obras de una transformación de lujo

Un tribunal de apelación en Palma condenó a un promotor a pagar más de tres millones de euros después de que las obras de una reforma en Bendinat se paralizaran por impago. ¿Qué falla en los grandes proyectos —y quién acaba pagando el precio?

Disputa millonaria en Bendinat: por qué un tribunal detuvo las obras de una transformación de lujo

Qué hay detrás de la paralización de las obras y qué consecuencias tiene para artesanos, inversores y vecinos

Pregunta clave: ¿Quién asume la responsabilidad cuando un gran proyecto inmobiliario en Bendinat se paraliza por disputas de pago y qué lagunas pone de manifiesto la sentencia del tribunal de apelación de Palma?

En esencia el caso puede resumirse así: en febrero de 2020 un promotor acordó con una empresa constructora la transformación de un hotel en la urbanización de alto standing Bendinat en viviendas exclusivas con vistas al mar, garaje y piscina. Cinco meses después, en julio de 2020, los trabajadores dejaron las herramientas: la empresa constructora reclamó porque no se le había pagado. En el momento de la paralización, el promotor reconoció adeudos de aproximadamente 1,2 millones de euros; se fijó a sí mismo un plazo de pago hasta diciembre de 2021. Poco antes del vencimiento el promotor rescindió el contrato alegando deficiencias técnicas y aumento de costes. La consecuencia: una larga disputa legal que ahora ha sido resuelta por el tribunal de apelación.

El tribunal obligó al promotor al pago de más de tres millones de euros en total. La suma no solo incluye las prestaciones pendientes, sino que según la sentencia también el beneficio estimado de unos 1,7 millones de euros que la empresa constructora habría obtenido al terminar. Fue determinante que el promotor no acreditara suficientemente sus alegaciones sobre supuestos vicios de construcción. No existía un informe técnico que demostrara fallos graves; la única persona que supuestamente habría realizado tales comprobaciones no se presentó en el juicio. En cambio, constaban por escrito reconocimientos de trabajos no pagados como prueba en contra por parte de la constructora.

El tribunal subrayó expresamente que acusaciones graves sobre la ejecución de la obra requieren una prueba técnica sólida e independiente. Sin ella, la afirmación de vicios es jurídicamente débil. También resulta notable que un arquitecto designado por la constructora expresó dudas en el juicio acerca de la teoría de que los cimientos estaban defectuosos. Casos recientes como Absolución en Can Picafort: el tribunal supremo anula la condena en gran caso inmobiliario también reflejan la trascendencia de las decisiones judiciales en el sector.

Queda la pregunta: ¿qué dice el caso sobre la práctica de grandes proyectos de reforma en la isla? En Mallorca los proyectos en ubicaciones privilegiadas como Bendinat son propensos a tensiones porque confluyen altas expectativas de propietarios, inversores y contratistas. Cuando los pagos se paralizan, no solo afectan a los balances empresariales, sino también a talleres locales, proveedores y a las personas que pasan por la obra por la mañana y ven las excavadoras paradas; situaciones similares se han visto en conflictos como Proceso en Llucmajor: Empresario de la construcción supuestamente defraudó a propietario de finca por 200.000 euros y en escándalos como La mayor estafa inmobiliaria de las Baleares: 235 damnificados ante el tribunal.

Una escena cotidiana simple: en una mañana fresca se ven en Bendinat furgonetas de artesanos aparcadas en la entrada, fumando durante las pausas mientras desde la costa cercana llega el rumor del mar. Las luces de la obra están apagadas, las hojas de las palmeras crujen y los hombres discuten sobre facturas impagadas. Imágenes así se repiten cuando grandes construcciones se estancan: las consecuencias son locales y palpables.

Análisis crítico: la sentencia del tribunal de apelación pone de manifiesto una serie de problemas estructurales. Primero, aparentemente falta una garantía fiable para las empresas ejecutoras en grandes proyectos. Retenciones de seguridad, avales o cuentas en fideicomiso serían mecanismos de protección que aquí aparentemente no funcionaron de forma suficiente. Segundo, se aprecia una debilidad en el tratamiento de controversias técnicas: cuando un promotor alega defectos graves debería exigirse la presentación de peritajes independientes antes de una rescisión contractual inmediata. Tercero, la omisión de acudir a procedimientos judiciales o de conciliación perjudica la credibilidad de las propias acusaciones: las determinaciones técnicas no se sustituyen con meras afirmaciones.

Lo que hasta ahora se ha tratado poco en el debate público es la perspectiva de los subcontratistas y los trabajadores ordinarios. En reportajes sobre inmuebles de lujo suelen hablar inversores y abogados; rara vez escuchamos cómo proveedores y empleados esperan meses a que les paguen. Tampoco se ha examinado mucho el papel de la administración local: ¿qué control hubo en la transformación, como en el caso de Manacor detiene la demolición de los apartamentos Topaz — ¿Quién asume la responsabilidad?? Son preguntas que preocupan a residentes y vecinos.

Propuestas concretas que podrían mejorar la situación en la isla: en primer lugar, en obras de mayor envergadura en zonas sensibles como Bendinat deberían exigirse garantías financieras vinculantes —por ejemplo, pagos gestionados en fideicomiso o avales de ejecución—. En segundo lugar, los contratos deberían prever procedimientos claros para peritajes técnicos independientes antes de permitir la rescisión por presuntos defectos. En tercer lugar, sería conveniente acelerar los procedimientos de conciliación y ejecución para que los pequeños contratistas no queden atrapados durante años en la incertidumbre. Finalmente, obligaciones públicas de información para los grandes proyectos podrían garantizar que los vecinos sepan con antelación quién responde y qué sucede si se incumplen los pagos.

Conclusión resumida: el caso Bendinat no es un hecho aislado, sino un ejemplo de cómo lagunas financieras y contractuales pueden paralizar una obra —con consecuencias visibles para la comunidad insular. No es solo un litigio entre empresas; es una prueba de cómo el sector de la construcción en Mallorca quiere gestionar responsabilidad y transparencia. Quién paga cuando algo sale mal determina al final el rostro de la costa —y no pocas veces también si los pequeños negocios sobreviven o quedan en el olvido.

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