
Exyate real 'Foners' en el mercado de chárter: lujo, historia y preguntas abiertas
El yate de 43 metros 'Foners', antes llamado 'Fortuna' y propiedad del exrey Juan Carlos, se encuentra actualmente en la Marina Botafoch y se ofrece como chárter privado. ¿Qué implica esto para el turismo en las islas, la política portuaria y el medio ambiente?
Del servicio real al chárter privado: ¿qué significa esto para las islas?
A primeras horas de la mañana, cuando en la Marina Botafoch los camiones de la basura todavía rechinan y las gaviotas planean sobre el olor a gasóleo, el yate de 43 metros 'Foners' reposa junto al muelle. De cerca se distinguen los impecables mamparos, la tripulación acondicionando las literas y turistas que se detienen para fotografiar con el móvil. La pregunta central sigue siendo: ¿es solo una salida elegante para los que pueden elegir y tienen recursos, o la disponibilidad de un yate que fue real tiene consecuencias más amplias para la vida portuaria, el medio ambiente y la imagen de las islas?
Qué deben saber los interesados de forma práctica
La 'Foners' —un ex yate del rey— se ofrece actualmente a través de una empresa mallorquina de chárter por encargo de la naviera. El precio base ronda los 20.000 euros por día, a lo que suelen sumarse tasas de atraque, combustible para travesías largas y la restauración a bordo. Hay espacio para hasta ocho huéspedes; a bordo: jacuzzi, cine en el salón y diversos equipos de deportes acuáticos. Un capitán experimentado conoce las corrientes alrededor de Formentera y las a menudo traicioneras condiciones de oleaje frente a las playas del oeste, un pensamiento tranquilizador si uno se lanza al agua.
Por qué el tema es más que chismes de celebridades
Que una embarcación asociada en su día a un rey ahora se pueda reservar a precios de una villa de lujo no es solo una anécdota. Plantea preguntas concretas: ¿quién se beneficia realmente de esos ingresos por chárter —las empresas portuarias locales, la naviera, los intermediarios en Mallorca o únicamente los propietarios internacionales? ¿Cómo transforman estos yates la imagen de los puertos cuando cada atraque libre está parcialmente reservado para embarcaciones de alto precio? Y no menos importante: ¿qué costes ecológicos genera la operación de grandes yates de lujo, como la Yasmine of the Sea, en zonas costeras sensibles?
Aspectos que hasta ahora quedan en segundo plano
Primero: logística portuaria. Lugares como Palma o Ibiza, donde incluso atracó la Explora II, están saturados en los meses de verano; más puestos para yates de lujo aumentan la presión sobre la infraestructura, la gestión de residuos y los remolcadores. Segundo: balance ambiental. Un yate de 43 metros consume cantidades considerables de combustible en travesías largas; la huella de CO₂ por pasajero es mucho mayor que la de un ferry convencional. Tercero: percepción social. Para muchos locales, 20.000 euros al día simbolizan una polarización que se refleja en el encarecimiento de servicios públicos y del espacio urbano.
Propuestas concretas que deberían debatirse
En lugar de centrarse solo en prohibiciones, se pueden proponer pasos practicables: tasas de atraque equitativas que incluyan costes ecológicos; límites temporales para puestos de lujo en puertos urbanos durante la temporada alta; requisitos más exigentes para la gestión de aguas residuales y residuos a bordo; y una fiscalidad más transparente de los ingresos por chárter que beneficie a proyectos locales de protección portuaria y costera. Medidas así podrían contribuir a que la operación de yates caros sea más social y ecológicamente compatible, sin prohibir completamente el mercado de chárter.
Para clientes de chárter: algunas recomendaciones prácticas
Quien piense embarcarse debería reservar con antelación, calcular los costes totales incluidos atraque y combustible, y ser consciente de que estas embarcaciones atraen atención —fotógrafos, paseantes y vecinos con vistas a Dalt Vila forman parte de la experiencia. Consejo: salidas cortas cerca de la costa reducen el consumo y permiten más tiempo para nadar y hacer snorkel, sin cargar tanto la naturaleza alrededor de Cabrera.
Al atardecer, cuando el sol cae dorado sobre Ibiza y en la cubierta suena el tintinear de una copa de cava, permanece el lado romántico de esas salidas: el aire salado, el murmullo de pequeñas olas, el leve vibrar del motor. Pero que un fragmento de pasado real sea ahora mercancía no debería percibirse solo desde lo estético. Es una ocasión para pensar en la distribución, la protección marina y el futuro de nuestros puertos —entre motivos fotográficos y el paseo portuario.
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