
Instructor ebrio en Palma detiene exámenes – ¿Quién paga los daños?
En plena prueba práctica de conducir intervino la Guardia Civil: el instructor acompañante estaba bajo los efectos del alcohol. Tres examinados quedaron atónitos y se preguntan quién les reembolsará el tiempo y el dinero.
Instructor ebrio en Palma detiene exámenes – Los examinados se sienten abandonados
Es una de esas mañanas claras en Palma: el sol todavía está bajo, los autobuses pasan, las gaviotas gritan sobre los tejados. En un lugar de examen se produjo de repente un revuelo. Una prueba práctica de conducción se interrumpió en plena calle después de que la Guardia Civil detectara alcohol en el instructor que acompañaba. Motores apagados, luces encendidas, rostros paralizados por la sorpresa: tres candidatos estaban listos para su gran momento y de repente todo había terminado.
La cuestión central: ¿Quién responde por los daños ocasionados?
Los jóvenes no solo están decepcionados, también están enfadados: vacaciones solicitadas, desplazamientos, tasas del examen. "Vinimos expresamente temprano, y ahora hemos quedado con los gastos y nadie asume la responsabilidad", dice una de las examinadas que estuvo en el lugar. La Guardia Civil confirmó el suceso, como recoge la información sobre el examen interrumpido en la autopista de Arenal: prueba de alcoholemia positiva al instructor, vehículo inmovilizado provisionalmente, examen anulado. Jurídicamente la situación no está tan clara. ¿Quién devuelve el dinero o compensa con citas alternativas: el instructor a título personal, la autoescuela, la autoridad examinadora?
Lo que en el debate público suele quedar en un segundo plano es la zona gris legal entre la conducta individual y la responsabilidad institucional. Un instructor que acompaña una prueba en estado de embriaguez no solo pone en riesgo a los examinados, sino también la confianza en el sistema. La cuestión de la responsabilidad y la prevención se convierte así en la pregunta clave: ¿son suficientes controles esporádicos o hacen falta pruebas obligatorias previas?
Deficiencias sistémicas que claman por soluciones
El problema va más allá de un caso aislado. Los examinados cuentan con listas de espera largas y una presión palpable: las citas son escasas y los nervios están a flor de piel. Muchas autoescuelas manejan horarios ajustados, y los instructores compaginan varias pruebas al día. En este contexto, las ausencias personales pueden provocar rápidamente un perjuicio importante para los clientes. Son precisamente estas condiciones estructurales las que a menudo se pasan por alto cuando solo se condena el comportamiento del individuo.
Medidas concretas podrían mejorar la situación: pruebas obligatorias de alcoholemia para los instructores acompañantes antes del inicio del examen, soluciones de reemplazo reguladas en el lugar (por ejemplo, la provisión inmediata de un conductor sustituto por parte de la autoescuela), reglas transparentes de reembolso y una obligación de notificar los incidentes. También ayudaría una documentación exhaustiva de todas las pruebas y el uso de protocolos digitales para aclarar responsabilidades con más rapidez.
Otro punto, a menudo subestimado, es la carga psicológica de los examinados: el daño mental tras una humillación pública así no se puede medir en euros. Quien sufre una cancelación brusca y debe volver a enfrentarse al examen necesita tiempo y a veces apoyo para no quedar desmotivado.
Qué pueden hacer ahora las personas afectadas
Los tres examinados han presentado oficialmente una queja ante la autoridad de tráfico competente. Ese es el primer paso correcto. Paralelamente, los afectados deberían guardar los recibos, documentar la comunicación con la autoescuela y, si procede, fijar un plazo para el reembolso. Si la autoescuela no colabora, queda la vía legal, aunque esa opción consuma tiempo y energía.
En el plano político ahora se requieren medidas: controles más estrictos, reglas claras de responsabilidad y controles de seguridad obligatorios antes del inicio de los exámenes. Una prueba de alcoholemia para los instructores antes de cada examen no es una utopía técnica ni organizativa; recuperaría mucha confianza y enviaría la señal de que las pruebas deben ser seguras no solo para los examinados, sino para todos los implicados. Casos locales como la conductora ebria detenida en el Paseo Marítimo o el conductor de autobús ebrio detenido cerca de Petra refuerzan la demanda de medidas más contundentes.
En el lugar del examen, un testigo describió la escena como una mezcla de asombro y rabia. Quien llega temprano por la mañana no quiere convertirse en rehén de fallos organizativos —y eso es precisamente lo que ahora quieren cambiar los afectados.
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