Fachada del tribunal de Mallorca junto a billetes y un documento de transferencia, simbolizando pago y proceso judicial.

Pago, no culpabilidad: ¿Qué significa la transferencia de Kühn para la justicia de Mallorca?

Pago, no culpabilidad: ¿Qué significa la transferencia de Kühn para la justicia de Mallorca?

Matthias Kühn transfirió alrededor de 14 millones de euros a la Agencia Tributaria —aprobado por el tribunal, financiado con una indemnización. El pago no implica reconocimiento de culpabilidad: nueve millones siguen en disputa y las investigaciones continúan.

Pago, no culpabilidad: ¿Qué significa la transferencia de Kühn para la justicia de Mallorca?

Pregunta central: ¿Aclara esta transferencia millonaria las acusaciones o solo traslada el problema?

Esta semana un tribunal aceptó un pago de casi 14 millones de euros a la Agencia Tributaria. El dinero aparentemente pasó a través de la empresa Birdie Son Vida; su origen fue una indemnización abonada en 2024 por una compañía relacionada con un proyecto de construcción en Sóller. Formalmente se trata de un pago sin reconocimiento de responsabilidad penal. Pero, ¿qué indica eso realmente sobre el curso del procedimiento? En el contexto de estos hechos conviene recordar el juicio contra Matthias Kühn en Palma.

Delante del edificio en la Via Alemania, donde se sientan juezas y jueces, la mañana de febrero mostraba la escena habitual: abogados con abrigos oscuros, una pareja de turistas con cámara, el eco de las ruedas de maletas sobre el empedrado. Escenas así hacen que las cifras abstractas cobren sentido: 14 millones no es un concepto teórico, significan saldos liberados, transferencias ejecutadas, pero no garantizan calma en el caso.

Las autoridades ya habían embargado más de 30 millones de euros de esa cuantía de indemnización como medida cautelar. La ahora realizada cancelación de la cantidad original permite la liberación de parte de los fondos congelados. Al mismo tiempo, queda abierto un litigio sobre otros nueve millones de euros aproximadamente. Quien gane aquí decidirá no solo sobre cifras, sino sobre hasta qué punto pueden reclamarse responsabilidades y derechos de regreso en la compleja red de empresas y procesos concursales.

Los investigadores ven un patrón: según su versión, el patrimonio se trasladó entre sociedades durante los años de crisis hasta que las reclamaciones fiscales resultaron difíciles de ejecutar. Las defensas sostienen que algunas de las demandas surgieron en el marco de administraciones concursales en curso o estaban garantizadas con avales, y que los derechos afectados podrían haberse ofrecido a las autoridades —una oferta que, según la defensa, no fue precedida por una solicitud de asunción antes de que existiera una resolución firme. También han surgido investigaciones en Liechtenstein relacionadas con estas tramas.

Lo importante permanece: el pago no exonera penalmente. Las pesquisas continúan; aún faltan algunas declaraciones, entre ellas la de un familiar y de personas implicadas que podrían completar el panorama. A la vez, los tribunales deben decidir sobre varios recursos relativos a las fianzas fijadas con anterioridad. Para residentes y comerciantes en Palma, todo ello se siente como un déjà‑vu: procesos que se prolongan, dinero que cambia de cuenta y una respuesta difusa por parte de lo público.

Lo que suele quedar fuera del debate público es la transparencia del acuerdo de indemnización del que procedían los fondos. Cuando las administraciones públicas abonan pagos a empresas, las condiciones deberían estar documentadas de forma abierta y comprensible. Tampoco está claro cómo comunican sus decisiones los administradores concursales ni qué mecanismos de control existen cuando el patrimonio se reubica poco antes de intervenciones estatales. Sin esa información, quedan preguntas esenciales: ¿se privilegiaron intereses de terceros? ¿hubo fallos de comunicación entre la administración y Hacienda? Casos previos como las reservas de fincas canceladas alimentan esa desconfianza.

Las soluciones concretas son evidentes: un registro obligatorio de indemnizaciones estatales con expedientes de fácil acceso, auditorías obligatorias en grandes transferencias durante procesos concursales y una mayor cooperación entre auditores fiscales y fiscalías podrían ayudar a cerrar lagunas. También sería conveniente una mayor transparencia en los procedimientos contra administradores concursales; controles independientes tendrían sentido cuando existan indicios de posibles pactos, como se ha visto en el proceso en Llucmajor.

Para quienes toman café en la Plaça de Cort o en el Passeig Mallorca esto significa: no basta con que las sumas se muevan de aquí para allá y que al final haya comunicados que hablen de “pago sin reconocimiento de culpa”. Se trata de trazabilidad y de que el Estado pueda hacer valer sus derechos sin verse frenado por entramados burocráticos o comerciales. Solo así será justificable la sensación de que ante los tribunales no solo se recupera mucho dinero, sino también claridad jurídica; la pérdida de confianza se ejemplifica en episodios como el de 55.000 euros en la máquina.

Conclusión: el pago de alrededor de 14 millones estabiliza los saldos, pero no las preguntas. Los nueve millones aún en disputa y las investigaciones pendientes siguen siendo determinantes para valorar los hechos. Quien quiera calma en el engranaje judicial de Mallorca debería exigir procesos más rápidos y transparentes y reglas más claras para indemnizaciones estatales y transferencias en concursos.

Qué ocurre ahora: Las investigaciones prosiguen, hay nuevas diligencias pendientes y los tribunales examinan recursos. Y frente al juzgado puede verse el pequeño drama de las grandes sumas: un taxi que se detiene en el paso de peatones, un abogado que habla por teléfono y un ciudadano que dobla un periódico y se pregunta por qué estos casos tardan tanto.

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