
Problemas por el alquiler de embarcaciones sin licencia: cuando Es Carbó se convierte en una pista de carreras
Frente a Es Carbó y en muchas calas de Mallorca, los barcos de alquiler sin licencia provocan molestias: exceso de velocidad, boyas dañadas y praderas de Posidonia en peligro. Lo que falta: reglas claras, más controles e instrucciones obligatorias.
Reglas poco claras, calas llenas – ¿quién paga el precio?
Una calurosa tarde de sábado, el sol apretaba, las gaviotas graznaban y el zumbido de pequeños motores fuera borda se mezclaba con las risas en la playa: así estaba recientemente frente a Es Carbó, donde se han relatado problemas por el alquiler de embarcaciones sin licencia. Dos embarcaciones de cinco metros corrían casi en paralelo por la zona de baño; los bañistas saludaban alarmados y algunos gritaban en voz alta: “¡Más despacio!”. Imágenes como esa se han hecho más frecuentes en las últimas semanas, no solo aquí, sino en varias calas populares de la isla y en reportes como Problemas en Es Carbó: ¿Cuántos barcos soporta la pequeña cala?.
La pregunta central
¿Quién asume la responsabilidad cuando el alquiler sin licencia se encuentra con costas saturadas? Suena burocrático, pero es la cuestión decisiva para la seguridad de las personas y el futuro de ecosistemas costeros sensibles, un debate que se enmarca en análisis como Mallorca Frente a un Punto de Inflexión Náutico – Alquileres Vacacionales Flotantes Causan Inquietud.
Problemas que a menudo pasan desapercibidos
El modelo de negocio es sencillo: embarcaciones de hasta cinco metros suelen poder alquilarse sin título de navegación. Práctico para los turistas, rentable para los arrendadores. Pero práctico no es sinónimo de seguro. Muchos clientes reciben, en el mejor de los casos, una breve instrucción, si acaso. Las barreras lingüísticas, el alcohol, el ambiente vacacional y la presión de tiempo los fines de semana son una mala mezcla. Resultado: maniobras inseguras, colisiones con boyas o con pequeñas embarcaciones y bañistas asustados; situaciones similares han provocado el enfado por lanchas a motor en Es Carbó.
«No tengo ni idea de cómo atracar correctamente», dice Manuel, de Port d’Andratx, que por las noches suele hacer rondas de control con su velero. Relata una maniobra reciente: un inquilino falló la maniobra al atracar, rozó dos boyas de señalización y dejó una estela en la pradera de Posidonia, algo que normalmente solo se ve en travesías tranquilas.
Los daños silenciosos: Posidonia y la fauna marina
Lo que no se ve desde la playa hace el asunto más grave: las praderas de fanerógamas marinas (Posidonia) sufren por fondeos imprudentes y por las huellas repetidas de motores. Estas praderas no son un adorno: son hábitat, protección contra la erosión y filtros del agua a la vez. Su destrucción repercute a largo plazo en los peces, la calidad de las playas y, por ende, en el atractivo turístico; casos de calas dañadas por actividad náutica están documentados en Barcos ebrios y calas dañadas: Cómo el alquiler privado de embarcaciones en Mallorca afecta las costas.
Por qué las soluciones sencillas no bastan
Un veto total a los alquileres sin licencia resolvería algunos problemas, pero resulta políticamente y económicamente complejo: para muchos pequeños arrendadores estas embarcaciones son fuente de ingresos, y para turistas un acceso económico al mar. Además existe una economía sumergida: alquileres informales y ofertas tipo toalla-por-paseo que son difíciles de controlar.
Los críticos piden medidas claras y prácticas
En el terreno volvemos a oír las mismas demandas: instrucciones obligatorias, zonas claramente señalizadas para baño, fondeo y navegación, límites de velocidad reducidos cerca de la costa, refuerzo de los controles los fines de semana y en temporada alta, además de un requisito de edad o de experiencia para los arrendatarios. Algunos concejales también plantean soluciones digitales: pequeños tests en línea antes de formalizar el alquiler, obligatoriedad de GPS para embarcaciones de alquiler o un registro central de todos los proveedores.
Qué hacen las autoridades y los arrendadores
La autoridad portuaria sigue la situación y estudia posibles medidas. Algunos arrendadores ya han reaccionado: instrucciones obligatorias de 15 a 20 minutos, pequeñas formaciones de seguridad y avisos sobre la flora y fauna locales se ofrecen con más frecuencia. Es positivo, pero a menudo sigue siendo voluntario y, con alta demanda, no siempre resulta viable aplicarlo.
Propuestas con efecto
Pasos concretos y realizables podrían ayudar a cerrar la brecha entre seguridad y viabilidad económica:
1. Instrucción corta obligatoria: Una formación obligatoria de 20 minutos que incluya revisión de seguridad, maniobras de atraque y normas locales – también posible en vídeo y en varios idiomas.
2. Zonificación: Separación claramente visible entre zonas de baño, navegación y fondeo, complementada con áreas temporalmente cerradas en los fines de semana de mayor afluencia.
3. Límites de velocidad y controles: Reducción de los límites de velocidad cerca de las playas y controles dirigidos por la policía portuaria o embarcaciones municipales en días críticos.
4. Rastreabilidad digital: GPS para embarcaciones de alquiler u obbligatoriedad de bitácoras facilitan la investigación tras daños y ayudan a detectar patrones de comportamiento indebido.
5. Sensibilización e incentivos: Formación para arrendadores, distintivos para proveedores responsables y seguros bonificados para clientes debidamente formados pueden crear incentivos positivos.
Un llamamiento desde el puerto
En el pantalán de Port d’Andratx encontré a una jubilada que miraba el mar en calma y dijo: «Necesitamos reglas que protejan a todos – no solo sanciones, sino indicaciones claras». Tenía razón. No se trata de cerrar el acceso al mar, sino de hacerlo de forma segura y sostenible.
Si vendrán leyes más estrictas o más responsabilidad por parte de los arrendadores, el tiempo lo dirá. Hasta entonces vale la norma: quien alquila una embarcación debe preguntar dos veces si hay instrucción. Y quien la conduce, que vaya más despacio, que escuche al mar, que respete las praderas y a las personas en la playa. Nuestras calas son ruidosas en días de verano, pero no toleran bocinazos, embestidas ni desapariciones a toda velocidad.
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