Trabajos de rehabilitación en la pasarela peatonal de s'Illot con andamios y operarios

La pasarela de s'Illot por fin se interviene: ¿es hora de algo más que parches?

La pasarela peatonal de más de 50 años entre Manacor y Sant Llorenç se está rehabilitando. Medio millón de euros, desvíos para los vecinos — y la pregunta: ¿por qué tan tarde?

La pasarela de s'Illot por fin se interviene: ¿es hora de algo más que parches?

Desde julio se veían las cintas de cierre y las miradas desconfiadas. Esta semana las sustituyeron andamios, excavadoras y operarios: la pasarela peatonal de s'Illot que conecta Manacor y Sant Llorenç está siendo reparada. Para muchos vecinos es un signo de alivio, pero sigue la pregunta: ¿por qué tanto tiempo para abordar puntos críticos de desgaste?

Los hechos: qué se hará ahora

Técnicos sustituyen vigas de acero, refuerzan la estructura portante e instalan nuevos pretiles. Además está previsto un recubrimiento protector contra la corrosión y el cambio a iluminación LED. Los trabajos se realizan principalmente de día (7:00–17:00), con turnos nocturnos ocasionales para trabajos de conexión. El olor a metal recién pintado y el tintinear de herramientas forman desde hace días parte del paisaje matinal, algo bastante normal aquí, entre conductores de autobús, gatos y pescadores madrugadores junto al mar.

La cuenta: Casi medio millón de euros, repartidos a partes iguales entre Sant Llorenç y Manacor. El dinero no es despreciable y la decisión en el ayuntamiento fue objeto de debate: otros puntos deteriorados en calles, nuevos puentes peatonales sobre la Vía de Cintura y escuelas también están en la lista de tareas.

Pregunta principal: ¿solo reaccionamos en vez de planificar?

Aquí reside el núcleo del debate: la pasarela de s'Illot no es solo un paso sobre el agua, sino una arteria diaria. Alumnos con mochilas, padres con cochecitos, personas mayores y madrugadores rumbo al mercado dependen de ella. Desde el cierre hubo cambios en líneas de autobús, cafeterías en los accesos registran menos clientela y ciclistas optan por calles secundarias más estrechas e inseguras. Estos efectos secundarios suelen hacerse visibles solo cuando la obra ya está en marcha.

La cuestión mayor es: ¿tienen los municipios una estrategia preventiva de mantenimiento o actúan en modo emergencia? Quien vea la lista de pequeños daños entiende rápido que medio millón aquí es solo una parte de la factura si se considera el patrimonio municipal en su conjunto, como ocurre en la rehabilitación en la Tramuntana que plantea obras a mayor escala.

Aspectos que hasta ahora han quedado en segundo plano

Primero: accesibilidad. En el debate público se habló mucho de la estática y del dinero, pero menos de las necesidades de personas con movilidad reducida. ¿Se contemplarán rampas, pavimentos antideslizantes y pasamanos más anchos? Segundo: economía vecinal. Las pequeñas cafeterías y comercios en los accesos notan cada peatón menos; un fondo temporal de apoyo para pequeños empresarios afectados sería una ayuda concreta.

Tercero: transparencia. Informes, listas de prioridades y planes de mantenimiento deberían estar disponibles. Solo así se puede entender por qué se repara primero en unos lugares y no en otros. Cuarto: cambio climático y elección de materiales. La protección contra la corrosión es importante, pero a futuro hay que invertir más en materiales duraderos y de bajo mantenimiento y en inspecciones periódicas.

Propuestas concretas en lugar de política simbólica

Algunas ideas prácticas de rápida implementación: un fondo municipal de conservación con asignación presupuestaria anual; una herramienta digital para que la ciudadanía reporte desperfectos; reglas de priorización transparentes que consideren la antigüedad, el uso (alumnos, trabajadores) y las consecuencias económicas; y medidas de apoyo a corto plazo para comercios locales durante grandes obras, como las previstas en la segunda fase del paseo marítimo de Magaluf.

A largo plazo conviene una estrategia que dependa menos de costosas reparaciones de emergencia y más de inspecciones regulares, renovaciones selectivas y mejor elección de materiales. Eso ahorra dinero y nervios, y mantiene los puentes entre localidades abiertos, en el sentido más literal.

Qué dicen las personas del lugar

«La seguridad es lo primero», dicen los técnicos, y es cierto. Pero las voces del barrio piden más: anhelo de fiabilidad, de trayectos cortos con el cochecito y de la vista familiar de los pescadores al amanecer. Para muchos el cierre es una pequeña pero palpable ruptura del día a día.

Las administraciones apuntan a una finalización para finales de noviembre, si el tiempo acompaña y no aparecen daños no detectados, algo que recuerda a la apertura del Paseo Marítimo de Palma a mediados de noviembre. Hasta entonces toca hacer desvíos, esperar con paciencia y confiar en que la rehabilitación actual no sea solo un parche, sino un paso sostenible hacia un mantenimiento más planificado de la infraestructura.

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