
Tiendas junto a villas: Nou Llevant muestra la brecha entre ricos y pobres
En el nuevo barrio residencial de Nou Llevant, tiendas de campaña y autocaravanas se sitúan a pocos metros de villas millonarias. ¿Cómo surgen estas realidades paralelas y cómo pueden cambiarse?
Tiendas junto a villas: Nou Llevant muestra la brecha entre ricos y pobres
En Nou Llevant, a un paso del puerto de Palma, me encuentro con una imagen que parece no encajar: nuevas construcciones modernas con balcones de cristal, plazas de aparcamiento y servicios de seguridad —y justo al lado, tiendas de campaña, caravanas y tenderetes improvisados para secar la ropa. Niños juegan entre juguetes de plástico y zonas de obra, mientras en el horizonte atracan cruceros. La proximidad espacial es brutal: un paseo, un árbol, y dos mundos se rozan. Es una imagen vinculada a la crisis de vivienda en Mallorca.
Pregunta central: ¿Cómo es posible que en pleno barrio en auge haya familias viviendo en tiendas, mientras pisos de alrededor de un millón de euros cambian de manos?
Análisis crítico
Las causas no son nuevas, pero su concentración en Nou Llevant las hace visibles. Décadas de reconversión de terrenos industriales y solares han abierto espacio para proyectos inmobiliarios lucrativos. La gentrificación empuja los precios del alquiler al alza; al mismo tiempo faltan viviendas sociales suficientes y alojamientos de emergencia a corto plazo, como muestran las diferencias de precio en Palma. El resultado: personas que, por pérdida de empleo, contratos precarios de alquiler o falta de papeles de residencia y trabajo, no encuentran vivienda segura y montan campamentos provisionales en los márgenes de la nueva riqueza.
A ello se suma la inercia administrativa. Las competencias entre Ayuntamiento, Consejo insular y organizaciones sociales suelen estar poco claras. Cuando llega la ayuda, suele ser puntual —mantas, un dispositivo móvil para atender en invierno— en lugar de soluciones sostenibles como plazas de vivienda permanente o programas de apoyo a familias.
Lo que falta en el debate público
Se habla mucho del ruido, de altercados nocturnos o del impacto sobre los inversores. Rara vez se trata la realidad diaria de las personas en los campamentos: la escolarización de los niños, el acceso a atención médica, el reconocimiento administrativo de la situación de vulnerabilidad. También queda poco atendida la cuestión de cómo integrar socialmente la nueva edificación —por ejemplo, mediante cuotas obligatorias de vivienda social o alquileres más estables en lugar de la búsqueda del beneficio inmediato.
Escena cotidiana desde Palma
Una mañana en Nou Llevant: el olor a café recién hecho de una panadería cercana se mezcla con el del aceite de las grúas de obra. Por la Avenida de México giran furgonetas hacia el puerto; en un pequeño área verde detrás de un banco, una mujer saca el juguete de su hijo de una tienda mientras el niño salta descalzo en charcos. Los postes de luz iluminan por la noche las varillas de las tiendas; la sirena de una ambulancia no es un sonido extraño aquí. Detalles así hacen que la brecha deje de ser abstracta y se vuelva palpable.
Propuestas concretas
A corto plazo: equipos sociales móviles deberían desplegarse de manera regular y con carácter vinculante —con trabajadores sociales, intérpretes y personal sanitario. Un punto de atención central accesible para las familias, donde tramitar papeles, inscripciones escolares y revisiones de salud, reduciría muchas barreras.
A medio y largo plazo: la planificación urbana debe equilibrar socialmente la construcción de vivienda. Es decir, los nuevos proyectos deberían reservar obligatoriamente una cuota de vivienda asequible; edificios públicos vacíos podrían adaptarse como alojamientos temporales para familias. Un programa municipal para convertir contratos de alquiler de corta duración en arrendamientos más estables contribuiría a moderar las subidas abruptas de precios.
En materia fiscal podrían condicionar los incentivos a inversores a obligaciones sociales: beneficios fiscales solo si se prueba inversión en vivienda social o aportes a un fondo para la atención de personas sin hogar. ONG y iniciativas vecinales son socios clave —microproyectos como cocinas comunitarias o servicios de cuidado infantil ofrecen ayuda inmediata.
Conclusión — breve y contundente
Nou Llevant no es un caso aislado, sino una vitrina: en una misma calle se ve hacia dónde se inclina la isla; casos similares confirman que Palma parece dos ciudades. O aceptamos que la pobreza permanezca junto al lujo, o establecemos reglas e infraestructuras que permitan la convivencia. Para que esta decisión no pase de largo junto a las hogueras de los campamentos improvisados, hacen falta medidas políticas valientes, ayuda fiable en el territorio y la voluntad de abrir espacio para una vida con dignidad.
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