Personas participando en una batalla de agua frente a la catedral de Palma en el Parc de la Mar

Batalla de agua frente a La Seu: colorida diversión en el Parc de la Mar

Cuando en el Parc de la Mar suenan las campanas, el paseo se convierte en la batalla de agua más alegre de Palma: vecinos, niños e incluso mayores comparten cubos, risas y unas gotas de historia.

Cuando el paseo se convierte en una batalla de agua

Al caer la tarde el Parc de la Mar cambia. Las campanas de La Seu suenan, el viento trae sal desde el mar, y entre la multitud se mezclan risas de niños, el golpe de los cubos y el zumbido lejano de una motocicleta a lo largo del Passeig. No es un espectáculo oficial, más bien una invitación: quien está, participa. Quien no, se queda mirando - la mayoría con los zapatos mojados. Se ha descrito en Batalla de agua frente a La Seu: colorida diversión en el Parc de la Mar.

Rojos contra amarillos: el vecindario con mangueras

La escena es pintoresca y entrañable. A un lado los rojos con bufandas hechas a mano, al otro los amarillos con cintas en la frente, y entre ellos grupos con pistolas de agua y botellas de plástico que simulan boquillas agujereadas. No hay uniformes, solo estrategias improvisadas: un abuelo pasa los cubos, los jóvenes suben corriendo las escaleras, y una mujer con una bolsa de la compra parece aparecer justo cuando sale la siguiente salva. De vez en cuando se huele a trompetas fritas del puesto en la esquina, un olor tan mallorquín como las chanclas empapadas que golpean las escalinatas de piedra.

Un pequeño teatro con gran corazón

Quien ahora piense en una representación histórica no va del todo desencaminado. Los orígenes - una supuesta dispute del siglo XVII entre las familias Canamunt y Canavall - forman parte de la leyenda local. Pero se cuenta con guiños, no como una crónica polvorienta. Aquí la tradición se transmite de forma lúdica: los niños reciben historias, los mayores recuerdan sus propias batallas de agua de los años sesenta y los visitantes ven la cultura festiva de Mallorca en una versión especialmente natural.

Seguridad y pragmatismo

Por espontáneo que parezca todo, existen reglas. Los servicios de emergencias y la policía están a la vista, se regulan brevemente los accesos para residentes y, de vez en cuando, el paseo se corta durante unos minutos hasta que se aclaran las "frentes". Los organizadores - más bien vecinos con habilidad para las comunicaciones - recuerdan con amabilidad la cortesía: nada de vasos de cristal, no hacer bromas bruscas y cuidar a los participantes mayores. Eso hace la actividad más segura y mantiene vivo el disfrute.

Por qué la gente acude

Porque el evento es sincero. No hay entradas, no hay escenario, solo un trozo de ciudad que durante unas horas respira de forma distinta. Se encuentra a gente del barrio, se escuchan historias antiguas con un envoltorio nuevo y al final todos están empapados juntos ante la imponente silueta de la catedral. Para los turistas es un hallazgo auténtico: la vida mallorquina sucede aquí sin filtro, con rayos de sol, salpicaduras y el olor del mar y del aceite en el viento.

Un pequeño consejo para los indecisos

Quien quiera mantenerse seco puede sentarse en alguno de los bares del Passeig con vista sobre la acción. Quien desee estar en medio: ropa de cambio, una bolsa de plástico para el móvil y una toalla son imprescindibles. Llegad pronto, los mejores sitios son escasos - y no pongáis la cámara demasiado cerca de la acción, el agua siempre encuentra su camino. Y si la campana suena justo cuando sale la primera salva, todos sonríen: es uno de esos momentos que no se planean, sino que se viven.

Una perspectiva

Estos rituales de barrio muestran lo que la vida urbana puede producir: pequeños acontecimientos recurrentes que crean comunidad sin grandes montajes. En verano las batallas de agua volverán, acompañadas por el ruido de los cubos y los gritos de los niños; además aparecen otras fiestas veraniegas como Fin de semana de verano en Mallorca: Correfoc en Alaró y diversión acuática en Llucmajor. Quizá no sean iguales cada año, pero conservarán el mismo desorden cálido que hace que Palma sea tan entrañable. Para contextos similares véase también Cuando la Plaça Nova se hunde en paja: Sencelles celebra con alegría y calidez.

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