
Lista de los más ricos 2025: cómo los hoteleros concentran el poder en las Baleares
Once nombres de las Baleares en la lista de los más ricos — siete de ellos del sector hotelero. Por qué esto importa para la vida diaria en Mallorca y qué preguntas debemos plantear.
Lista de los más ricos 2025: hoteleros en la cima — y lo que Mallorca nota
Estoy sentado en el café del Passeig Mallorca, la cafetera gorgotea, pasa un scooter y afuera hace una temperatura suave — cerca de 18 grados, algunas nubes. En mi móvil estoy mirando la nueva lista de los más ricos; once personas con vínculos con las Baleares figuran esta vez entre los 100 españoles más ricos. Llama la atención: la mayoría procede del mundo hotelero. Eso plantea una pregunta sencilla pero urgente: ¿cómo afecta esta concentración de capital e influencia a nuestra vida cotidiana? (véase Once mallorquines en el Top 100 de España: lo que la lista realmente revela sobre la isla.)
Los nombres que se oyen en la costa
Aunque los números fascinan, son las historias detrás las que cuentan. En la cima entre los isleños está Miguel Fluxá (Iberostar) con alrededor de unos 3.300 millones de euros, seguido de cerca por Carlos March Delgado (Banca March) con aproximadamente 2.000 millones. En la lista también aparecen Carmen Riu Güell (RIU, ~1.500 millones), Simón Pedro Barceló Vadell (Barceló, poco más de 1.000 millones), así como familias como Grupo Piñero y Meliá con varios cientos de millones. En el extremo inferior del espectro relevante figura, por ejemplo, Abel Matutes con unos 600 millones de euros.
Siete de las once personas citadas están directamente vinculadas a cadenas hoteleras. No es una casualidad. El turismo sigue siendo el motor de la economía insular —y las grandes cadenas hoteleras suelen ser actores centrales: construyen, compran terrenos, influyen en los mercados laborales y atraen flujos internacionales de capital. Para contexto sobre la evolución de la temporada y los ingresos puede consultarse Más ingresos a pesar de menos turistas alemanes: turismo en las Baleares 2025.
Por qué esto no son solo cifras
Cuando en la cima de la sociedad insular predominan los grupos hoteleros, se nota en muchas pequeñas cosas: el aumento de los alquileres en los cascos antiguos, la presión inversora sobre las zonas costeras, proyectos de construcción que cambian el ruido de la calle y las vistas al mar. En la Plaça de Cort se debate sobre ello —con admiración por la creación de empleo, pero también con comentarios sobre restaurantes más caros o la desaparición de pequeños comercios (véase Hoteleros ven margen para aumentos de precios – ¿Quién paga la factura en Mallorca?).
Menos visibles, pero importantes, son mecanismos como fundaciones familiares, participaciones complejas o estructuras holding internacionales. Hacen que decisiones con efecto local se tomen a menudo en mesas directivas lejanas. Esto dificulta el control local y reduce la transparencia —una combinación que en los debates públicos rara vez se analiza en profundidad.
Aspectos que quedan en segundo plano
Primero: la vulnerabilidad estacional. Las grandes cadenas hoteleras están conectadas internacionalmente y pueden diversificar riesgos; los pequeños negocios no. Segundo: el uso de recursos —agua, energía, competencia por el suelo. Tercero: la calidad del empleo. Los hoteles generan muchos puestos, pero a menudo son estacionales y mal remunerados. Cuarto: las inversiones derivadas. Cuando las empresas invierten en edificios de lujo o residencias exclusivas, desplazan el mercado en general (véase Menos huéspedes, precios más altos: El balance mixto del alquiler vacacional 2025 en Mallorca).
Todo ello tiene consecuencias para la mezcla social y la calidad de vida en Mallorca. Influye en quién puede permitirse vivir aquí: las familias locales, las parejas jóvenes, los artesanos y los comerciantes notan los cambios en su bolsillo —a veces de forma literal, cuando suben los precios.
Preguntas críticas — y medidas concretas
La pregunta principal sigue siendo: ¿cómo se reparte de forma justa el beneficio que aporta el turismo? De la discusión se extraen medidas concretas:
Mayor transparencia en las estructuras de propiedad podría hacer las decisiones más comprensibles. Las normas municipales sobre cambios de uso y licencias de obra deberían incluir criterios sociales claros, como la preservación de vivienda asequible. El crecimiento turístico podría moderarse mediante una planificación de suelos dirigida, en lugar de alimentar continuamente al mercado. Los ingresos procedentes de tributos turísticos deberían destinarse en mayor medida a infraestructura social y vivienda asequible. Además, programas de apoyo a emprendedores locales, al oficio y a la agricultura sostenible pueden ayudar a diversificar la economía.
En la práctica esto significa: planes sociales vinculantes en grandes proyectos, fomento de cooperativas en la hostelería, incentivos para contratos de alquiler a largo plazo para empleados e inversiones en almacenamiento de agua y energías renovables, para que el crecimiento no se produzca a costa de la base natural.
Una mirada sobria al futuro
La concentración de riqueza en grupos hoteleros es ambivalente. Aporta capacidad de inversión, visibilidad internacional y a menudo también proyectos de infraestructuras. Pero amplía asimetrías de poder y puede deformar los mercados locales. Mallorca necesita ambas cosas: inversiones y una gobernanza local fuerte que garantice que las ganancias no solo aumenten en los papeles de la lista de los más ricos, sino que lleguen a calles, escuelas y viviendas asequibles.
De vuelta en el Passeig Mallorca, el sol atraviesa las nubes por un momento, un barco pita en la lejanía —y mi vaso de café está vacío. Números y nombres fascinan, pero la discusión debe salir al espacio público: a los ayuntamientos, a las empresas y a la Plaça. Allí se decide si la prosperidad se distribuye más ampliamente o sigue siendo visible solo en unas pocas cuentas.
Una aclaración abierta: no se trata de menospreciar el éxito empresarial, sino de integrarlo de forma responsable en la sociedad insular.
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