Carretera estrecha y sinuosa en la Serra de Tramuntana con grietas en el asfalto y barreras laterales

Seis millones para la Serra: Coll de Sóller y sa Calobra serán rehabilitadas

El Consell Insular invierte casi seis millones de euros en dos de las carreteras más estrechas de la Serra de Tramuntana. Una inversión necesaria, pero ¿cómo encaja el asfalto con la zona protegida, el turismo y la movilidad futura?

Seis millones para la Serra: Coll de Sóller y sa Calobra serán rehabilitadas

Las curvas del Coll de Sóller las conoce toda persona de la zona: autobuses, furgonetas y ciclistas se rozan despacio, el aroma de los pinos se mezcla con el del aceite del motor, y en algunos tramos aparece una grieta profunda en el asfalto. Ahora el Consell Insular ha decidido destinar casi seis millones de euros a la rehabilitación de dos conexiones importantes en la Serra de Tramuntana: Coll de Sóller y sa Calobra están en la lista, según Mallorca planea millones para carreteras: los proyectos más importantes hasta 2026.

La cuestión central

¿Son suficientes solo los trabajos de asfaltado para hacer las carreteras más seguras y preparadas para el futuro? No se trata solo de nuevas capas de rodadura: está en juego la seguridad vial, la protección del medio ambiente y cómo se mantiene la Serra como espacio vital para residentes y visitantes.

Qué está previsto

En ambos recorridos se renovarán las capas de rodadura: se volverán a colocar alrededor de 13 kilómetros de asfalto en cada tramo. Además se modernizarán las barreras de protección y se actualizarán las señales de tráfico. En los tramos estrechos, donde autobuses y coches de turistas apenas pasan con milímetros de separación, eso ya puede suponer una mayor seguridad: mejor agarre, menos baches y carriles más definidos, como en Obras en la carretera de Cala Llombards: tres kilómetros, muchas mejoras.

Cuándo arrancarán los trabajos — y qué problemas pueden generar

La mayoría de las actuaciones están previstas para los meses de invierno, cuando hay menos tráfico de vacaciones en las carreteras de montaña. Aún faltan fechas concretas, los procesos de licitación están en marcha. Eso significa: contratos, valoración de ofertas y luego excavadoras y betún; y están enmarcados dentro de paquetes de inversión a nivel insular, como 54 millones para los municipios de Mallorca: plan para infraestructura, agua y energía. Los residentes temen ruido, polvo y problemas de suministro para las explotaciones agrarias. Los turistas se quejarán de los cortes si la coordinación no funciona.

Lo que a menudo se pasa por alto

En el debate público suele quedar poco claro cómo afectan estas obras al sensible espacio natural de la Tramuntana. La erosión de los taludes, la escorrentía de aguas de lluvia contaminadas y las perturbaciones para la avifauna son riesgos reales. La Serra está especialmente protegida: los tramos de obra deben planificarse con atención a la flora y la fauna, no solo según el ritmo de las empresas constructoras; esta tensión ya se aborda en análisis como Rehabilitación en la Tramuntana: seis carreteras, cinco millones — ¿es suficiente?.

Otro punto ciego es la perspectiva de peatones y ciclistas. Si durante meses se suprime un carril, a menudo se ven empujados a zonas inseguras. Y en rutas ciclistas populares de la isla eso puede resultar peligroso.

Oportunidades concretas y propuestas de solución

Seis millones no son poca cosa, pero cómo se gaste el dinero decidirá su utilidad. Propuestas que deberían ponerse sobre la mesa:

Planificación por fases y comunicación local: ventanas temporales claras, horarios de trabajo diarios, un teléfono de atención ciudadana y paneles informativos digitales en las entradas de los pueblos. Así sabrán los padres y madres de alumnos, agricultores y empresas de autobuses cuándo serán necesarias las desviaciones.

Gestión del tráfico: semáforos temporales o carriles alternos regulados en lugar de cortes totales. Uso de autobuses lanzadera en las horas punta, mayor coordinación con las líneas regulares para que las entregas puedan pasar por la mañana, siguiendo medidas similares a las propuestas en ciudad para aliviar atascos, como Palma quiere aliviar los atascos: ampliación de la rotonda, accesos al FAN y las 13 pequeñas obras.

Técnicas de construcción respetuosas con el medio ambiente: uso de asfalto reciclado, aspirado controlado del polvo, sistemas de riego y de contención en los taludes para evitar que los sedimentos lleguen a las gargantas. Una adecuada gestión de las aguas en la obra protege el frágil ecosistema.

Protección del tráfico a pie y en bicicleta: durante las fases de obra, carriles alternativos seguros, bolardos temporales y señalización clara. Pequeñas medidas, gran efecto.

Vinculación de calidad y tiempos en las licitaciones: contratos que unan plazos de finalización y requisitos ambientales, más cláusulas de incentivo y penalización por cumplimiento, de modo que las empresas sean recompensadas por trabajos rápidos y respetuosos.

Por qué esto importa

Coll de Sóller y sa Calobra son más que vías de conexión: son accesos a pueblos, rutas de transporte de productos agrícolas y puertas de entrada para visitantes a la espectacular Tramuntana. Nuevas barreras y una señalización clara ayudan a reducir accidentes, sobre todo en la estación húmeda, cuando la niebla y el hielo hacen las curvas traicioneras.

Preguntas abiertas

¿Cuánto durarán los cortes? ¿Qué requisitos ambientales concretos se impondrán? Y: ¿habrá una campaña informativa para residentes y turistas? Hasta que las licitaciones se resuelvan, estos puntos quedan en el aire.

Mi impresión

Una inversión necesaria; bien planificada puede aportar mucho. Pero la Tramuntana no es un tramo de carretera cualquiera: aquí se cruzan infraestructura, paisaje protegido, vida cotidiana y expectativas turísticas. Si las autoridades, las empresas y la población local cooperan ahora —con comunicación clara, técnicas constructivas respetuosas y consideración por ciclistas y peatones—, esos seis millones de euros podrían ser algo más que nuevo asfalto: una verdadera mejora.

Quienes circulen habitualmente por Coll de Sóller o hacia sa Calobra: atentos. Y un poco de paciencia con las excavadoras —pero no a costa de la naturaleza ni de los residentes.

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