
Sunrise Bay Residences junto a Cala Romàntica: Del pueblo fantasma al folleto de ventas – ¿Beneficio por encima del agua?
De muros a medio terminar vuelven a ser casas de vacaciones: 159 unidades, cientos de reservas — y un viejo conflicto reavivado. ¿Cuán compatible es el proyecto con el balance hídrico, el vecindario y la planificación futura de Mallorca?
De un sueño interrumpido a un folleto de ventas – ¿pero a qué precio?
Por la mañana el gravilla cruje bajo los camiones de obra, las gaviotas gritan sobre la costa y en la pequeña cafetería de la plaza de Manacor el dueño trae tazas extra para los obreros. Así se ve el renacimiento de un proyecto a medio terminar cerca de la Cala Romàntica: 159 casas de vacaciones en unos 62.000 metros cuadrados, ahora comercializados como Sunrise Bay Residences. Precios entre aprox. 380.000 y 781.000 euros, las primeras llaves se entregarían a principios de 2026 – y ya hay 66 unidades reservadas. La pregunta central sigue siendo: ¿Pone Mallorca aquí la rentabilidad por encima del agua y del vecindario? Además, la transformación de la zona se refleja en reportes sobre Cala de ensueño bajo el ruido de la construcción.
Historia y demanda actual – un trato con sombras
Lo que hoy parece una oferta lucrativa fue durante mucho tiempo un recordatorio de la burbuja inmobiliaria: desde 2008 el proyecto estuvo abandonado, con casas parcialmente levantadas, vallas de obra oxidadas y hierbas que crecían entre las losas de hormigón. Ahora Ibero Capital y un socio británico han vuelto a poner las máquinas en marcha —impulsados por el aumento de los precios de los alquileres y la demanda extranjera. Esto trae dinero y empleo, pero también numerosas preguntas sin responder: ¿Quién consume el escaso agua? ¿Quién pagará el aumento del tráfico y la infraestructura? ¿Y qué ocurre si bajan las expectativas de rentabilidad? Casos recientes de remodelaciones que benefician a inversores extranjeros ilustran tensiones similares entre inversión y vecino.
Por qué el agua se convierte aquí en un hueso difícil de roer
El terreno está cerca de un pequeño arroyo y en una zona que conoce periodos secos en verano. Las autoridades han evaluado cómo deben valorarse las intervenciones en la flora y el balance hídrico —eso se ha cumplido formalmente, pero la implementación práctica queda abierta. En Mallorca el agua ya no es un tema abstracto: gotas audibles en veranos secos, el olor a tierra polvorienta tras la lluvia, vecinos que comparten pozos. Más casas de vacaciones implican mayor consumo, cuidados de jardines más intensivos, llenado de piscinas y una mayor carga para las depuradoras en los meses punta.
Lo que a menudo se pasa por alto: la factura de la infraestructura
Los planificadores recuerdan que las decisiones de uso del suelo de los años setenta permiten este volumen. Una revocación sería costosa —eso está claro. Menos atendido está, sin embargo, cómo afectarán los trabajos reanudados a largo plazo: desgaste de las carreteras, presión de aparcamiento en temporadas bajas, gestión de residuos y funcionamiento de plantas de tratamiento. El dueño del café cuenta que por la mañana más obreros desayunan ahí, pero por la tarde las estrechas calles de los alrededores se atascan más a menudo. Son las pequeñas cargas recurrentes las que cambian de forma perceptible la calidad de vida; incluso propuestas como las 77 casas aprobadas en Cala Romàntica generan debates sobre capacidad y costes públicos.
Fracturas ecológicas y sociales
Desde el punto de vista ecológico, los expertos hablan de fragmentación de hábitats, especialmente si las obras afectan al cauce del arroyo. Socialmente surge un campo de tensión: la propiedad extranjera, el alquiler vacacional y la ocupación estacional pueden inflar todavía más los precios del mercado de alquiler local, como ilustra la crisis de vivienda en Mallorca. Las reservas, realizadas mayoritariamente por extranjeros, muestran un modelo cada vez más orientado al alquiler con fines de beneficio —lo que puede resultar problemático para los residentes y la comunidad de todo el año.
Conceptos integrales en lugar de proyectos aislados: propuestas concretas
No basta con remitirse a las normativas de construcción. Para que un proyecto como Sunrise Bay sea sostenible a largo plazo, hacen falta condiciones claras y medidas practicables: - Gestión del agua: Obligación de uso de agua de lluvia, reciclaje de aguas grises y límites de llenado de piscinas, acompañados de controles. - Contribuciones a la infraestructura: Un fondo con parte de los ingresos de la construcción para la reparación de vías locales, ampliación de conexiones de autobús y capacidad de gestión de residuos. - Control de uso: Número limitado de alquileres turísticos de corta duración por año, registrado de forma transparente y con precios locales, para reducir la presión sobre la vivienda. - Zonas de compensación ecológica: Franjas de plantación, renaturalización de arroyos y zonas de protección obligatorias contra la erosión. - Participación municipal: Un consejo ciudadano que acompañe las fases de obra y garantice transparencia.
Una perspectiva con cuentas claras
Si al anochecer se mira la Cala Romàntica, con el chirrido de los grillos de fondo y el lejano sonido de los motores de los ferris, queda claro algo: Mallorca no es un terreno ilimitado para la rentabilidad. La reactivación de antiguas obras puede traer oportunidades —puestos de trabajo, demanda local y fin del deterioro estético—. Pero también puede generar costes a largo plazo que no deben recaer únicamente en el inversor. El reto ahora es gestionar el proyecto de modo que las playas no sean solo para beneficios a corto plazo, sino también para un Mallorca habitable mañana.
Pregunta guía: ¿Persigue Sunrise Bay el beneficio rápido o es posible desarrollar aquí un modelo que proteja por igual el agua, la naturaleza y el vecindario?
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