Plaza de Fornalutx llena de gente, puestos y músicos durante el festival

Fornalutx celebra: aroma a castañas, danza popular y un toque de ABBA

Un fin de semana en Fornalutx: tradición, diversión para niños y una noche tributo a ABBA en la plaza — auténtico, local y familiar.

Plaza, castañas y un pueblo que se alegra

Cuando las sombras de la Tramuntana se alargan y el viento de la tarde ya trae una nota fresca, vuelve el tiempo de pueblo en Mallorca. Fornalutx, con sus calles empinadas, los adoquines torcidos y las pequeñas cafeterías de la plaza, abre el fin de semana las puertas a la fiesta anual del pueblo. Huele a verduras asadas, a churros, a tazas de café que tintinean al sol vespertino. Y sobre todo: a vecindad.

Menos alboroto, más risas familiares

Los viejos rituales tienen su espacio aquí, pero algunos cambios son claramente bienvenidos: la carrera de toros es historia; ahora, en vez de silbidos nerviosos, se oye la risa de los niños jugando. En los puestos venden los locales empanadas, brochetas de verduras a la parrilla y tapas sencillas —rústicas, auténticas, nada pretenciosas, como se ve en la Fira Dolça de Esporles. Los precios son populares, las raciones lo bastante generosas para un pequeño apetito entre horas. En la plaza los abuelos se sientan con mantas, los jóvenes apoyan la espalda en los bordes de las fuentes y los perros atrapan las migas que caen.

Para los niños: agua, saltos y color

El sábado está dedicado al programa familiar: un pequeño parque acuático con piscinas infantiles, juegos de agua y castillos hinchables funciona desde por la mañana hasta primeras horas de la noche, similar a otras programaciones familiares que se celebran en la isla, como la Fiesta de higos en Lloret de Vistalegre. Es exactamente lo que necesitan los padres para garantizar noches tranquilas antes de la verbena nocturna —o para acercarse un momento al puesto de churros. Además hay una zona de pintura y manualidades que sorprendentemente consigue largos ratos de silencio concentrado. La risa de los niños se mezcla con el golpe lejano del tambor y crea ese sonido relajado de festival que solo los pueblos saben conseguir tan bien.

Tradición se encuentra con brillo: danza popular y ABBA

El domingo por la noche comienzan las danzas tradicionales; tambores y castañuelas marcan el ritmo de las filas. Y quien piense que después todo terminará de forma tranquila se equivoca: hacia las 22:00 una banda tributo a ABBA sube al escenario de la plaza. Brillo, buen humor y cabeceos incluidos. Esta combinación de bailes locales y clásicos pop hace la fiesta especial —un breve y amistoso choque cultural entre generaciones que demuestra que la tradición puede bailar perfectamente junto a una bola de discoteca. Algunos eventos combinan tradición y música pop de manera similar, como el festival gastronómico 'Ya Era Hora' en Binissalem.

Consejos prácticos para visitantes

Llegar: Las plazas de aparcamiento en la entrada del pueblo son escasas. Paseos a pie por los almendros y cortas conexiones de autobús desde los pueblos vecinos son la mejor opción si se quiere evitar el estrés. Ropa para la noche: En las estrechas calles de piedra refresca pronto —una chaqueta ligera es recomendable. Dinero: Los pagos en efectivo aún se usan con frecuencia; llevar unos euros facilita las compras espontáneas.

Esta fiesta no es un gran espectáculo, sino un domingo normal de pueblo con puertas abiertas: vecinos que se acercan, niños que corren por las calles, turistas que por fin viven algo auténtico. Se escucha el crujir de las hojas de castaño, la voz de una vendedora, el murmullo de conversaciones que, pese a la distancia, resultan de inmediato familiares. Y entonces llega la música —un momento en que la plaza se ilumina un poco más.

Para Mallorca, estas fiestas son más que un entretenimiento agradable: mantienen las tradiciones, reúnen a la gente y dan trabajo a los pequeños negocios. Así que si te apetece de forma espontánea: ponte calzado cómodo, trae hambre y ve a la plaza. Una cerveza en la mano, un ritmo en el pie —así anima un pueblo, y Fornalutx vuelve a mostrar su lado más cálido; al mismo tiempo, eventos como el Gastrofest en Binissalem muestran otra cara de la tradición gastronómica local.

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