
Oficinas vacías, salas de espera llenas: por qué faltan más de 100 puestos directivos en las Baleares
En las Baleares 106 de 176 puestos directivos en los ayuntamientos están sin cubrir. Eso se traduce en tiempos de espera más largos en los mostradores, retrasos en las solicitudes de obra y un sistema administrativo que tiene que improvisar. Es momento de reformas reales, o al menos de menos caos de papel.
Un problema que se percibe en el mostrador
Cuando en un pequeño ayuntamiento costero suenan las campanas de la iglesia y fuera chillan las gaviotas, acudir al ventanilla debería ser una rutina. En cambio, hoy uno suele esperar más en la sala de espera, el ventilador zumbando, y desde la oficina de al lado se oye el ruido del papel movido. Más de 100 puestos directivos para secretarios, tesoreros y interventores están vacantes en las Baleares: 106 de 176, para ser exactos. Es parte de una brecha de mano de obra en las Islas Baleares. No es una cifra abstracta; es la razón por la que una simple solicitud de licencia tarda más y por la que a veces las subvenciones no se justifican a tiempo.
Por qué duele tanto
Esos puestos no son títulos decorativos. Garantizan el presupuesto, los procedimientos de adjudicación y el control legal de los acuerdos. Si faltan, muchos municipios recurren a interinos, consultores externos o a representantes con mucha menos experiencia. Como consecuencia, las comprobaciones se ralentizan, las sesiones se aplazan y las decisiones se posponen. En lugares como Santanyí o Llucmajor se nota con más fuerza: las solicitudes de obra se acumulan, los proyectos municipales se retrasan y el personal del ayuntamiento hace malabares con tareas para las que no disponen ni de tiempo ni de formación adicional.
La semana pasada estuve en un ayuntamiento del sur: tras el cristal, dos escritorios, una pila de expedientes y un cartel con el horario. Una empleada suspiró y dijo: “Hay días en que los asuntos formales se quedan parados porque falta el técnico”. Las voces en el mostrador se impacientan, el café en la sala se enfría.
Cómo se llegó hasta aquí
Hay varios factores: una ola de jubilaciones ha retirado a muchos profesionales. Ese fenómeno se refleja también en el ámbito docente, como muestra la alta tasa de plazas docentes vacantes. Los procesos de selección y comprobación tardan y a veces duran meses. Los municipios pequeños no pueden competir en salario y carrera con Palma u otros centros administrativos más grandes, y las negociaciones salariales con funcionarios se han estancado. Y luego está la realidad insular: muchos candidatos vienen por el sol y el mar, pero no necesariamente para empezar una carrera a largo plazo en la administración local.
En resumen: falta relevo, faltan incentivos y los procesos son demasiado rígidos.
Qué están haciendo los municipios —y por qué no basta
Algunos ayuntamientos reaccionan con creatividad: regionalizar en lugar de monopolizar. Varias localidades comparten ya la tesorería para repartir costes y concentrar experiencia. Otros optan por contratos temporales, firmas externas de auditoría o programas de formación para recién titulados. Algunos celebran jornadas informativas en centros educativos o colaboran con la Universitat de les Illes Balears para atraer a jóvenes a las administraciones públicas.
Eso ayuda a corto plazo, pero a menudo son parches: un tesorero compartido no puede estar cada día en todas partes y los consultores externos son caros. Sin cambios estructurales, muchos problemas persistirán. Informar en las escuelas está bien, pero si luego la vivienda, el salario y las perspectivas de carrera no acompañan, los candidatos no llegan; la precariedad laboral explica, en parte, por qué tantas personas tienen dos o tres trabajos.
Medidas concretas en vez de parches
La situación exige más que soluciones de emergencia. Mis propuestas, que deberían debatirse en las islas, son:
1) Acelerar los procesos de selección: Un registro regional centralizado para pruebas y candidatos podría reducir trabas burocráticas y cubrir vacantes más rápido. En lugar de múltiples procesos, una ventana de selección común.
2) Aumentar la atractividad: Complementos salariales para municipios rurales, ayudas para vivienda o modelos de jornada flexible podrían atraer a jóvenes administrativos, sobre todo si el teletrabajo es viable para determinadas tareas.
3) Servicios compartidos y asistentes digitales: Procesos estandarizados, soluciones de software comunes y automatización de comprobaciones rutinarias liberarían a los técnicos. No es la cura total, pero reduce el mar de papel en el que muchos se pierden.
4) Programas de mentores y prácticas: Funcionarios con experiencia podrían trabajar en tándem con nuevos incorporados. Así se conserva el conocimiento en la administración y los jóvenes encuentran perspectivas.
5) Prioridad política: Sin decisiones coordinadas a nivel insular y regional, mucho seguirá siendo parcheado. Financiación, política de personal e infraestructuras digitales deben ir de la mano.
Lo que esto significa para nosotros
Para la gente en Mallorca se traduce, sobre todo, en una cosa: paciencia. Quien presente una solicitud debe prever un margen. Es molesto, pero no malintencionado; el personal en los ayuntamientos trabaja a menudo al límite y trata de cubrir las carencias. Al mismo tiempo la crisis también ofrece una oportunidad: si localidades como Alcúdia, Manacor y otros municipios más pequeños cooperan, las estructuras compartidas podrían ser más eficientes a largo plazo que 50 oficinas mal dotadas.
A corto plazo la situación seguirá tensa —las decisiones no se aceleran de un día para otro. A largo plazo son posibles reformas si la política y la administración se atreven a cuestionar viejas rutinas y probar nuevos modelos. Hasta entonces: llevar un café de más y sonreír amablemente al funcionario del mostrador. Hacen lo que pueden; simplemente falta refuerzo.
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